Hay gente que dice adorar la nieve. Y yo a ellos les digo:
¿¿De qué estamos hablando?? ¿¿En serio me decís??
Sí, sí, todo muy lindo, muy poético, muy romántico… Las calles cubiertas de blanco, ver desde el balcón como los copos van cubriendo tu ciudad… Precioso. Pero precioso mirarlo por la ventana, con una taza de chocolate caliente en la mano. Sacále una foto y volvé a prender la tele. Tener que ir a la facultad con nieve, hacer mandados con nieve, intentar seguir una rutina con nieve, hacer turismo con nieve, vestirse para un día de nieve, prepararse psicológicamente para un día de nieve… Te lo regalo. Y para el día después del día de nieve, cuando la gente ya caminó sobre nevado, haciendo que la nieve pase de blanca al color de la mugre, y cuando la parte de la nieve sobre la superficie ya empezó a derretirse, haciendo que en algunos lados queden enormes charcos donde la gente mojará el dobladillo de sus vaqueros, y en otros lados capas de hielo extremadamente resbaladizos que representan un peligro digno de ser catalogado tema de seguridad nacional… También te lo regalo.
Y pongo la etiqueta "Viajes con Pelaya" porque fue en boca de ella que oí una de las primeras veces la teoría de que finalmente no es tan claro que esté tan bueno que nieve, tras uno de nuestros paseos no recuerdo en qué ciudad.
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viernes, 10 de diciembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
Venimos de Luxemburgo
Ya les conté de cuando con Pelaya fuimos de excursion a la tumba de Patton en Luxemburgo (si no lo recuerdan, acá está). Lo que no les conté todavía es la excursion de vuelta a casa…
Como ya lo indiqué, la brillante idea de hacer tal excursión fue mía, Pelaya es bastante más sabia y coherente, jamás se le ocurriría algo así.
Hete aquí que el paseíto lo hicimos a modo de despedida, justo antes de tomarnos el tren de vuelta. Es decir que el estado en que termináramos dicho paseo iba a ser el estado en que nos dirigiéramos hasta la estación de trenes, y el estado en que viajáramos tres horas en tren, y llegáramos finalmente a casa. Y el estado en que terminamos, lo adivinaron, no fue bueno…
Volviendo al tema aquel de que Pelaya es más sabia y coherente, cabe aclarar que el calzado que ella eligió para caminar horas sobre nieve y barro y bajo lluvia fue un par de botas bastante altas, de material impermeable. El que yo elegí : un par de roñosos y agujereados All Star.
Así que cuando llegamos al tren, violetas del frío, con los mocos colgando, las orejas heladas y los pelos indomables bajo los gorros de lana, yo tenía literalmente un charco en los zapatos. Las medias estaban tan pero tan ensopadas que al caminar sentía chapuzones. Y la verdad es que el frío era tan intenso que no quedaba lugar para formalidades, o sea que una vez instaladas en nuestro vagón y nuestros asientos, no tardé en sacarme los empapados Converse y las medias, para escurrirlas e intentar que mis pies recobraran sensibilidad al no estar más en contacto con agua helada. Pobre Pelaya, sentadita al lado… Pero bueno, no pasaba nada, nadie se iba a dar cuenta, ya estábamos en nuestros lugares, y nos bajábamos recién en la terminal, podíamos estar ahí quietitas, recobrando nuestra temperatura corporal por unas tres horitas. Error. Al ratito llegan dos chicas que se paran al lado de donde estábamos sentadas señalando insistentemente sus pasajes. Yo saqué en seguida los nuestros, para mostrarles que nosotras también, teníamos los asientos 21 y 22 (intentando que no se vieran las medias colgaditas en el calefactor del tren ni mis pies descalzos). Sí, asientos 21 y 22, pero de otro vagón… Así que muertas de risa, de vergüenza, de nervios, y entre gritos de « Tierra trágame » « No podemos ser tan inútiles » « No nos puede pasar esto » « Decíme por favor que nuestro vagón está cerca » tuvimos que ir hasta nuestros verdaderos asientos, con las manos cargadas con los bolsos, las camperas que ya nos habíamos sacado, y por supuesto, mis medias y mis championes. Al llegar, entre risas, nos instalamos donde nos correspondía, mientras nuestros vecinos de vagón miraban incrédulos el estado en que llegábamos. Después de un rato de oírnos hablar español entre nosotras, los dos chicos de enfrente, convencidos que no entendíamos su idioma, se empezaron a decir palabras tiernas y frases de amor. Como por ejemplo « Yo no la quiero dejar a Paulita, lo que estaría genial sería que entendiera que ella me gusta, pero no me llena como vos, y que accediera a dejar que me llenes de vez en cuando los fines de semana… ».
Y ahí no terminó nuestro día, porque en el metro yendo de la estación de tren a casa, nos encontramos con una casi amiga de nuestra madre (en el estado en que estábamos), quien no pareció muy convencida de que viniéramos efectivamente de Luxemburgo.
Como ya lo indiqué, la brillante idea de hacer tal excursión fue mía, Pelaya es bastante más sabia y coherente, jamás se le ocurriría algo así.
Hete aquí que el paseíto lo hicimos a modo de despedida, justo antes de tomarnos el tren de vuelta. Es decir que el estado en que termináramos dicho paseo iba a ser el estado en que nos dirigiéramos hasta la estación de trenes, y el estado en que viajáramos tres horas en tren, y llegáramos finalmente a casa. Y el estado en que terminamos, lo adivinaron, no fue bueno…
Volviendo al tema aquel de que Pelaya es más sabia y coherente, cabe aclarar que el calzado que ella eligió para caminar horas sobre nieve y barro y bajo lluvia fue un par de botas bastante altas, de material impermeable. El que yo elegí : un par de roñosos y agujereados All Star.
Así que cuando llegamos al tren, violetas del frío, con los mocos colgando, las orejas heladas y los pelos indomables bajo los gorros de lana, yo tenía literalmente un charco en los zapatos. Las medias estaban tan pero tan ensopadas que al caminar sentía chapuzones. Y la verdad es que el frío era tan intenso que no quedaba lugar para formalidades, o sea que una vez instaladas en nuestro vagón y nuestros asientos, no tardé en sacarme los empapados Converse y las medias, para escurrirlas e intentar que mis pies recobraran sensibilidad al no estar más en contacto con agua helada. Pobre Pelaya, sentadita al lado… Pero bueno, no pasaba nada, nadie se iba a dar cuenta, ya estábamos en nuestros lugares, y nos bajábamos recién en la terminal, podíamos estar ahí quietitas, recobrando nuestra temperatura corporal por unas tres horitas. Error. Al ratito llegan dos chicas que se paran al lado de donde estábamos sentadas señalando insistentemente sus pasajes. Yo saqué en seguida los nuestros, para mostrarles que nosotras también, teníamos los asientos 21 y 22 (intentando que no se vieran las medias colgaditas en el calefactor del tren ni mis pies descalzos). Sí, asientos 21 y 22, pero de otro vagón… Así que muertas de risa, de vergüenza, de nervios, y entre gritos de « Tierra trágame » « No podemos ser tan inútiles » « No nos puede pasar esto » « Decíme por favor que nuestro vagón está cerca » tuvimos que ir hasta nuestros verdaderos asientos, con las manos cargadas con los bolsos, las camperas que ya nos habíamos sacado, y por supuesto, mis medias y mis championes. Al llegar, entre risas, nos instalamos donde nos correspondía, mientras nuestros vecinos de vagón miraban incrédulos el estado en que llegábamos. Después de un rato de oírnos hablar español entre nosotras, los dos chicos de enfrente, convencidos que no entendíamos su idioma, se empezaron a decir palabras tiernas y frases de amor. Como por ejemplo « Yo no la quiero dejar a Paulita, lo que estaría genial sería que entendiera que ella me gusta, pero no me llena como vos, y que accediera a dejar que me llenes de vez en cuando los fines de semana… ».
Y ahí no terminó nuestro día, porque en el metro yendo de la estación de tren a casa, nos encontramos con una casi amiga de nuestra madre (en el estado en que estábamos), quien no pareció muy convencida de que viniéramos efectivamente de Luxemburgo.
lunes, 4 de octubre de 2010
¿Y ese olor?
Un secreto muy bien mantenido de la humanidad: si un tapado de esos de abrigo como de lana o paño, que no son de lluvia, se exponen demasiado tiempo a la lluvia, el material mojado huele a … pancho de feria.
Les cuento cómo lo descubrí…
Estábamos con Pelaya en París, y en realidad las dos ya conocíamos bastante bien la ciudad, así que algunos de los típicos paseos turísticos decidimos no repetirlos. Sólo algunos, por supuesto, porque la mayoría tiene un encanto tal que te da ganas de volver a hacerlos una y otra vez. Para nosotras, por ejemplo, un paseo obligado es el Musée d’Orsay. Ahí están todas las mayores obras impresionistas. Y el impresionismo es la base. Así que fuimos. Por otro lado, cabe aclarar que yo tengo una teoría curiosa acerca de los metros (o subtes). Me molesta bastante esa sensación claustrofóbica que dan los largos pasillos que llevan de un tren al otro, sobre todo considerando que suelen estar repletos de gente. Entonces mi teoría dice que si el trayecto en metro será sólo de pocas paradas, es mejor ir caminando, o si hay que hacer una conexión únicamente por una o dos paradas, mejor no tomar el segundo y caminar lo que queda en vez de cambiar trenes. El día que visitábamos Orsay, quise aplicar este principio. En vez de hacer una conexión, elegí una parada que me pareciera lo más cerca posible del museo para caminar el resto. Pelaya, por supuesto, me siguió. Sólo que, detalle, esa parada estaba un poco más lejos de lo que imaginé… Más o menos a 20 cuadras. 20 cuadras cuando se está haciendo vida de turista, recorriendo y recorriendo ciudades, con fatiga acumulada de días y semanas, son mucho más que 20 cuadras. Y sí, lo adivinaron, para colmo de males, esas 20 cuadras hubo que caminarlas bajo lluvia… Lluvia torrencial, cabe aclarar. Y también cabe aclarar que no llevábamos paraguas.
Y ésta es la historia de cómo nuestros tapaditos terminaron oliendo a… pancho de feria.
Estábamos con Pelaya en París, y en realidad las dos ya conocíamos bastante bien la ciudad, así que algunos de los típicos paseos turísticos decidimos no repetirlos. Sólo algunos, por supuesto, porque la mayoría tiene un encanto tal que te da ganas de volver a hacerlos una y otra vez. Para nosotras, por ejemplo, un paseo obligado es el Musée d’Orsay. Ahí están todas las mayores obras impresionistas. Y el impresionismo es la base. Así que fuimos. Por otro lado, cabe aclarar que yo tengo una teoría curiosa acerca de los metros (o subtes). Me molesta bastante esa sensación claustrofóbica que dan los largos pasillos que llevan de un tren al otro, sobre todo considerando que suelen estar repletos de gente. Entonces mi teoría dice que si el trayecto en metro será sólo de pocas paradas, es mejor ir caminando, o si hay que hacer una conexión únicamente por una o dos paradas, mejor no tomar el segundo y caminar lo que queda en vez de cambiar trenes. El día que visitábamos Orsay, quise aplicar este principio. En vez de hacer una conexión, elegí una parada que me pareciera lo más cerca posible del museo para caminar el resto. Pelaya, por supuesto, me siguió. Sólo que, detalle, esa parada estaba un poco más lejos de lo que imaginé… Más o menos a 20 cuadras. 20 cuadras cuando se está haciendo vida de turista, recorriendo y recorriendo ciudades, con fatiga acumulada de días y semanas, son mucho más que 20 cuadras. Y sí, lo adivinaron, para colmo de males, esas 20 cuadras hubo que caminarlas bajo lluvia… Lluvia torrencial, cabe aclarar. Y también cabe aclarar que no llevábamos paraguas.
Y ésta es la historia de cómo nuestros tapaditos terminaron oliendo a… pancho de feria.
lunes, 9 de agosto de 2010
Luxemburgo
Una cosa que me encanta de Pelaya, es que si yo me despierto un día y le digo “Vámonos a Luxemburgo en el próximo tren” ella me dice que sí…
Y si cuando llegamos a la ciudad de Luxemburgo, tras recorrer todos los museos, monumentos, instituciones internacionales, construcciones históricas y castillos de interés, descubrimos que casualmente la tumba de Patton está en el cementerio americano de Luxemburgo, ella se da cuenta exactamente por lo que la voy a hacer pasar.
Claro está que para nosotras, ver el mármol que indica dónde descansa el General desde hace tantos años, no es de gran interés, pero el hecho de poder mandarle una foto de eso a nuestro primito, para mí es impagable.
Y si cuando llegamos a la ciudad de Luxemburgo, tras recorrer todos los museos, monumentos, instituciones internacionales, construcciones históricas y castillos de interés, descubrimos que casualmente la tumba de Patton está en el cementerio americano de Luxemburgo, ella se da cuenta exactamente por lo que la voy a hacer pasar.
Claro está que para nosotras, ver el mármol que indica dónde descansa el General desde hace tantos años, no es de gran interés, pero el hecho de poder mandarle una foto de eso a nuestro primito, para mí es impagable.
Y lo que a mi me gusta de Pelaya, es que por más que en la oficina de turismo nos digan que en pleno invierno no hay transporte para llegar hasta el cementerio porque la nieve tapa las calles, que los ómnibus dejan de circular, que los horarios de invierno del cementerio no los conoce nadie porque no son publicados, que el cementerio está muy alejado y es imposible llegar a pie, sobre todo porque habría que caminar al borde de la autopista y pegadito al acantilado, con varios grados bajo cero, lloviznando, y con nieve hasta los tobillos, si yo digo que quiero probar hacer el camino a pie, ella me sigue.
Y si a la vuelta, en el tren, nos tenemos que sacar las medias y los championes, porque ambos están ensopados por la nieve que se iba derritiendo, para descubrir nuestros pies morados, y si se nos acaban los pañuelos descartables a fuerza de sonarnos y sonarnos, y si tenemos los ojos llorosos de la helada y la nariz roja de payaso, ella sigue siguiédome…
Y es incluso capaz de contarle al mundo lo lindo que es Luxemburgo.
domingo, 18 de julio de 2010
Para mí la de chocolate
Una cosa que me molesta es ir a Dunkin Donuts con Pelaya y que se pida la única fea entre los millones que ofrecen: la de compota de manzana. Y más me molesta que haga lo mismo en el Dunkin Donuts de Barcelona, de Madrid, de Berlín o de donde sea.
martes, 18 de mayo de 2010
Trenes
Esta anécdota corresponde a un viaje que con Pelaya hicimos hace bastante tiempo… Creo que incluso fue nuestro primer viaje solas y durante varios días afuera del país.
Y bueno, resulta que en nuestro destino turístico, para conocer también las ciudades cercanas, quisimos tomar un tren. Hoy por hoy, las dos ya hemos tomado infinitos trenes, de todas clases, tipos, velocidades y categorías. Pero en aquel entonces, habiendo crecido en un país de distancias chicas y sin trenes de pasajeros, nuestra cultura ferroviaria se limitaba a referencias en películas o libros. (Estoy tratando de justificarme para lo que van a leer en unas líneas). Salimos a buscar la estación, y como se nos dificultó el proceso de orientación, paramos a preguntarle a alguien dónde se encontraba… El afortunado nos señaló la construcción que estaba justo adelante nuestro. Yo no sé cómo me habría imaginado que serían las estaciones de trenes, pero seguro no era como la que estaba viendo, porque mi respuesta fue :
-« Ah… Y los trenes, ¿dónde están ? »
A lo que la persona respondió, pacientemente, que estaban adentro, y que las vías estaban del otro lado, dirigiéndose a las afueras de la ciudad…
Y de esa manera le regalé a mi Pelaya querida una oportunidad única de burlarse de mí for ever and ever…
Y bueno, resulta que en nuestro destino turístico, para conocer también las ciudades cercanas, quisimos tomar un tren. Hoy por hoy, las dos ya hemos tomado infinitos trenes, de todas clases, tipos, velocidades y categorías. Pero en aquel entonces, habiendo crecido en un país de distancias chicas y sin trenes de pasajeros, nuestra cultura ferroviaria se limitaba a referencias en películas o libros. (Estoy tratando de justificarme para lo que van a leer en unas líneas). Salimos a buscar la estación, y como se nos dificultó el proceso de orientación, paramos a preguntarle a alguien dónde se encontraba… El afortunado nos señaló la construcción que estaba justo adelante nuestro. Yo no sé cómo me habría imaginado que serían las estaciones de trenes, pero seguro no era como la que estaba viendo, porque mi respuesta fue :
-« Ah… Y los trenes, ¿dónde están ? »
A lo que la persona respondió, pacientemente, que estaban adentro, y que las vías estaban del otro lado, dirigiéndose a las afueras de la ciudad…
Y de esa manera le regalé a mi Pelaya querida una oportunidad única de burlarse de mí for ever and ever…
lunes, 3 de mayo de 2010
Bleu de Chartres
Calzas abajo del jean, dos pares de medias, uno de los cuales de plush, calentadores, botas, remera de material de media can can, remera de manga corta y polera, las tres superpuestas, buzo polar, bufanda tejida, orejeras, campera de abrigo, campera impermeable y guantes…
Digamos que hacía un poco de frío…
Pero yo quería que Pelaya conociera sin falta la catedral de Chartres, así que nos subimos al tren para pasar el día en esa ciudad. Desde la estación hasta la catedral, perdimos sensibilidad en las extremidades. Al entrar a la catedral, sentimos alivio, pensando que adentro íbamos a estar resguardadas. Pero no. A veces, es posible que en el interior haga más frío que en el exterior. La catedral era inmensa, los techos altísimos y los vitrales espectaculares. Una restauración había dejado espléndida la mitad de la catedral, y pudimos escuchar una charla sobre cómo se llevaban a cabo tales trabajos. Bueno, lo esencial de la charla, porque en un momento sentimos que unos segundos más de ese frío y terminábamos como Jack en Titanic…
Así que nos despedimos de la catedral, y entramos en el primer café con calefacción que vimos, para disfrutar de un rico crêpe de Nutella y banana. Con la temperatura corporal parcialmente recuperada, recorrimos brevemente el pueblo, que consiste básicamente en la catedral, una escuela y una estación de tren, y nos volvimos.
Digamos que hacía un poco de frío…
Pero yo quería que Pelaya conociera sin falta la catedral de Chartres, así que nos subimos al tren para pasar el día en esa ciudad. Desde la estación hasta la catedral, perdimos sensibilidad en las extremidades. Al entrar a la catedral, sentimos alivio, pensando que adentro íbamos a estar resguardadas. Pero no. A veces, es posible que en el interior haga más frío que en el exterior. La catedral era inmensa, los techos altísimos y los vitrales espectaculares. Una restauración había dejado espléndida la mitad de la catedral, y pudimos escuchar una charla sobre cómo se llevaban a cabo tales trabajos. Bueno, lo esencial de la charla, porque en un momento sentimos que unos segundos más de ese frío y terminábamos como Jack en Titanic…
Así que nos despedimos de la catedral, y entramos en el primer café con calefacción que vimos, para disfrutar de un rico crêpe de Nutella y banana. Con la temperatura corporal parcialmente recuperada, recorrimos brevemente el pueblo, que consiste básicamente en la catedral, una escuela y una estación de tren, y nos volvimos.
viernes, 30 de abril de 2010
Uy, un uniforme de soldado, qué interesante...
Mi hermana tiene una teoría: dice que a mí las cosas me interesan proporcionalmente al interés que le provoquen a mi primito menor. Por ejemplo, según ella, yo nunca hubiera elegido entre todos los destinos del mundo ir a pasar un fin de semana a la parte más desolada de Normandía, recorriendo las muy frías, lluviosas y ventosas playas del desembarco y fotografiando cada artículo expuesto en cada museo y en cada memorial de la Segunda Guerra Mundial si él no estuviera pasando por su etapa “Soy varón y me copan las armas y las estrategias de guerra”.
jueves, 29 de abril de 2010
Comunicado del blog
Tengo terrible idea. Voy a empezar una categoría referida a todo lo que nos ha sucedido en viajes con mi hermana. Por cuestiones de anonimato, vamos a llamarla Pelaya.
Así que la categoría será: “Viajes con Pelaya”
Así que la categoría será: “Viajes con Pelaya”
martes, 27 de abril de 2010
True Story
Érase una vez dos chicas que venían caminando bastante apuradas por la calle. Apuradas, estresadas, cansadas y cargadas. Volvían en realidad a su casa después de un laaaargo viaje. Y a cada paso que se acercaban de su casa, la ansiedad por llegar crecía. Tan ensimismadas iban, que no repararon en la señora que venía siguiéndoles. Para hacerse notar, ésta decide gritarles, suplicando que paren. Las chicas, preguntándose de qué se podría tratar, la miraron fijo, esperando explicación. La señora se las dio:
-“¡Ay, es que vengo intentando pasarlas hace un rato largo y van tan rápido que no puedo!”
Las chicas, obviamente, no entendieron la situación, pero a esa altura de su viaje ya entendían muy pocas situaciones en las que se encontraban…
True Story
(Post dedicado a mi compañera oficial de viajes)
-“¡Ay, es que vengo intentando pasarlas hace un rato largo y van tan rápido que no puedo!”
Las chicas, obviamente, no entendieron la situación, pero a esa altura de su viaje ya entendían muy pocas situaciones en las que se encontraban…
True Story
(Post dedicado a mi compañera oficial de viajes)
miércoles, 31 de marzo de 2010
La vida no es taan corta
Uno siempre está pensando que la vida es muy corta.
Que cómo pasa el tiempo, que parece que fue ayer, que qué rápido crecieron...
Sin embargo cuando te toca pasillo en un avión, con dos pelotudos al lado sumamente
movedizos que saltan arriba tuyo para ir al baño, y en todos los asientos de alrededor, adelante, atrás, izquierda, derecha, tenés a los miembros de un equipo muy engreído de papy fútbol haciendo su espectáculo de vuelta a los 15, y vos lo único que querés es concentrarte lo suficiente para pasar a la segunda página de tu libro, te aseguro que la vida se te hace de repente muy, muuuuuuy larga.
Que cómo pasa el tiempo, que parece que fue ayer, que qué rápido crecieron...
Sin embargo cuando te toca pasillo en un avión, con dos pelotudos al lado sumamente
movedizos que saltan arriba tuyo para ir al baño, y en todos los asientos de alrededor, adelante, atrás, izquierda, derecha, tenés a los miembros de un equipo muy engreído de papy fútbol haciendo su espectáculo de vuelta a los 15, y vos lo único que querés es concentrarte lo suficiente para pasar a la segunda página de tu libro, te aseguro que la vida se te hace de repente muy, muuuuuuy larga.
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miércoles, 24 de marzo de 2010
¿Buscando tu vagón?
¿Cómo se llama cuando pagás el doble para que tu pasaje de tren sea de primera clase, y cuando llega el día, y subís al tren, te das cuenta de que los asientos son todos iguales, la cantidad de asientos por vagón es siempre la misma, y la única diferencia entre primera clase y segunda clase es el malhumor de ese señor que lee el diario hablando sólo, ése mismo al que justo le tocó sentarse al lado tuyo? Bueno, eso se llama “Te Cagaron”.
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lunes, 22 de marzo de 2010
¿Y ahora qué hago?
Lo que está buenísimo en esas grandes avenidas con dos semáforos es que los dos estén coordinados, ¿no?, porque eso de quedarte parada en el canterito entre los autos que van y los que vienen no es tan divertido…
jueves, 18 de marzo de 2010
A explotar...
Yo conocí a alguien tan pero tan pancho, que cuando fue a visitar un castillo muy turístico y lo recibieron varios policías y bomberos diciéndole que estaba cerrado por el día, para que ellos desarmaran una bomba que había aparecido en el lugar, en vez de decirse « uy yo de acá me rajo » se dijo « la concha del tero! Yo quería ver el castillo. Yo me quedo por la vuelta por si terminan pronto con eso y vuelven a abrir... ».
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