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martes, 14 de febrero de 2012
Say cheese !
La gente que no consigue quedarse quieta durante 5 segundos, que no consigue dedicarte exclusivamente su atención por 5 segundos, ese poquito tiempo que necesitás para sacarles una foto, una solita, y por ende en todas todas todas las fotos que tenés de ellos, así se sea solos, con alguien más, en grupo, adentro, afuera, en verano, en invierno, en todas, todas, salen mirando para otro lado. Esa gente, me irrita bastante. Y lo peor es que no es una irritación momentánea, no. Es una irritación prolongada, que empieza en el momento en que se saca la foto fallida, y que renace cada vez que uno ve la pésima foto obtenida.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Tangram
Mi madre, dirigiéndose al vendedor del puesto de acertijos y puzzles artesanales, en el que habíamos estado chusmeando un rato largo:
-“Usted sabe que me sorprendió mucho mi hija, una decepción brutal, yo estaba segura que ella con lo inteligente que es iba a poder armarle la especie de Tangram esa que tiene, pero vio que le costó un montón y no pudo… Ni ahí, ni cerca, un mamarracho le quedó la figura. Las madres siempre pensamos que nuestros hijos son un poco más capaces de lo que en realidad son.”
-“Usted sabe que me sorprendió mucho mi hija, una decepción brutal, yo estaba segura que ella con lo inteligente que es iba a poder armarle la especie de Tangram esa que tiene, pero vio que le costó un montón y no pudo… Ni ahí, ni cerca, un mamarracho le quedó la figura. Las madres siempre pensamos que nuestros hijos son un poco más capaces de lo que en realidad son.”
Respirá hondo. Contá hasta diez.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Home sweet home
Mi madre, con MI computadora en su regazo, me llama:
-“Oliviaaaaaaaaaaa”
-“¿Sí, mami?”
(mentira, le contesté de manera un poco menos gentil)
-“¿No querés revisar tu mail que acá lo tengo abierto? Acá parece que tu colega Carlitos te mandó un mail, y la tienda esa de cosméticos que a mí tanto me gusta te mandó un mensaje con el nuevo prospecto. Creo que la crema que te pedí está de oferta.”
-“Oliviaaaaaaaaaaa”
-“¿Sí, mami?”
(mentira, le contesté de manera un poco menos gentil)
-“¿No querés revisar tu mail que acá lo tengo abierto? Acá parece que tu colega Carlitos te mandó un mail, y la tienda esa de cosméticos que a mí tanto me gusta te mandó un mensaje con el nuevo prospecto. Creo que la crema que te pedí está de oferta.”
De vuelta a casa por las fiestas. Respirá hondo y contá hasta diez. Ese es mi nuevo pasatiempo. Respirar hondo y contar hasta diez.
martes, 25 de octubre de 2011
¡Pero qué inteligente este niño!
Una cosita nomás. Una aclaración que quiero hacer. Señor, señora. Todos creemos que los niños de nuestra familia son superdotados. Todos miramos a los bebés de nuestra familia convencidos de que son mucho más inteligentes que los otros bebés de su edad. Todos. Y a todos nos encanta hablar del tema, felicitarnos por los logros de tal niño o tal bebé. Pero hay una gran verdad que muy pocos tienen en cuenta. Y es la que dice que a todos nos gusta escuchar a nuestros parientes afirmando que los bebés de la familia son avanzadísimos, pero escuchar a gente externa contar que los bebés de su familia lo son, no tanto…
Así que señor, señora, si en su familia hay un bebé, no se prive de comentar cuán adelantado es, pero en familia. Afuera, no. Y ni hablar si su bebé tiene 28 años…
Corre el serio riesgo de que alguien, algún día, le conteste…
Así que señor, señora, si en su familia hay un bebé, no se prive de comentar cuán adelantado es, pero en familia. Afuera, no. Y ni hablar si su bebé tiene 28 años…
Corre el serio riesgo de que alguien, algún día, le conteste…
viernes, 4 de marzo de 2011
Es para vos
Cuando suena el teléfono en mi casa, yo ya sé quién es. Es mi madre. Y cuando uno corre a atender el teléfono sabiendo quién es, no corre a atender el teléfono igual que si no supiera quién es.
domingo, 6 de febrero de 2011
Starbucks
Estábamos paseando con mi hermano por una de esas grandes avenidas turísticas, cuando pasamos delante de un Starbucks. Yo, entusiasmadísima, por supuesto, le propuse hacer una pausa en nuestro recorrido y entrar a tomar y comer algo. El me contestó:
-“No sé, no me gusta tanto en realidad, el otro día vine con unos amigos, y ¿sabés que sólo sirven café y té? No tienen refrescos… Yo no sabía qué pedirme… Sólo café hay…”
Y ahí, petrificada, me hice por primera vez esa pregunta, que todos en algún momento nos hacemos : Mi hermano, ¿será adoptado?
-“No sé, no me gusta tanto en realidad, el otro día vine con unos amigos, y ¿sabés que sólo sirven café y té? No tienen refrescos… Yo no sabía qué pedirme… Sólo café hay…”
Y ahí, petrificada, me hice por primera vez esa pregunta, que todos en algún momento nos hacemos : Mi hermano, ¿será adoptado?
sábado, 1 de enero de 2011
Apuesta
Mi hermano me discutía que una palabra se escribía de tal manera, y yo le porfiaba y porfiaba que no. Y me daba bronca que me siguiera discutiendo, porque yo sabía que tenía razón. Así que para terminar de una vez con el tema, le propuse “Te apuesto lo que quieras” y él me contestó “Dale, yo ya sé que gano, así que elegí vos, apostamos lo que se te ocurra”. Y pensé un rato qué podría apostarle, hasta que se me ocurrió algo genial: “Cuando encarguemos al delivery de pizza, vos elegís las tres”. Él me miró incrédulo, sin entender mucho, y después que le expliqué que cuando yo encargo pizzas me pido tres, no paró de reírse durante un rato largo. Me sentí muy gorda.
Y para colmo, respecto a la ortografía de la palabra, tenía razón él…
Y para colmo, respecto a la ortografía de la palabra, tenía razón él…
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Sms
Mi madre y mi tía me mandan mensajes de texto. Reiterados mensajes de texto. Y cuando no les llega respuesta, ellas se turnan para llamar a la compañía telefónica, al técnico del celular, al Ministerio de Telecomunicaciones a investigar por qué sus celulares no están recibiendo mensajes, y cuán rápido se podría solucionar. Qué se van a imaginar ellas que de vez en cuando, cabe la posibilidad de que haya algún mensaje al que me embole responder…
domingo, 12 de diciembre de 2010
Empanadas made in France
En la residencia universitaria internacional de París el otro día organizaron una fiesta con temática “Argentina”. Y allá fuimos, todos los latinos de París, para sentirnos un poco más cerca de casa, y porque prometía ser una noche divertida. El festejo incluía una música bien tanguera (sí, sí, terminamos bailando tango), y como nunca puede faltar el puestito con venta de comida y bebidas, se improvisó uno. Y para que todos los presentes nos pusiéramos nostálgicos, lo que vendían eran cosas del estilo de Fernet y empanadas de carne (cosas que en Francia no existen, por supuesto). Así que ahí estábamos todos, muy felices, comiendo una a una no sé cuántas empanadas cada uno, y comentando cuán buenas estaban. Y una de las chicas agregó:
-“Sí, están buenas, pero como las de mamá no hay”
Y todos asintieron, pensando en sus respectivas madres y sus respectivas empanadas. Y yo me reí, y nadie entendió por qué, pero es que mi madre, debe hacer 20 años que no hace una empanada…
-“Sí, están buenas, pero como las de mamá no hay”
Y todos asintieron, pensando en sus respectivas madres y sus respectivas empanadas. Y yo me reí, y nadie entendió por qué, pero es que mi madre, debe hacer 20 años que no hace una empanada…
sábado, 11 de diciembre de 2010
Ahhhhhhhhhhhhhhhhh
Mi padre es tan tierno tan tierno, que tomó doce años convencerlo de que tenía que cambiar el auto que ya tenía doce años. Y es tan tierno tan tierno, que cuando para entregarlo para recibir el nuevo tuvo que lavarlo, lo lavó como nunca antes. Y es tan tierno tan tierno, que cuando lo vio así, reluciente, le dio pena cambiarlo así por uno más nuevo, así que hubo que empezar de nuevo el proceso de convencerlo.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Tratamiento
Mi madre tiene una manía, que a mí me saca de quicio. Bueno, siendo más exacta, mi madre tiene incontables manías, y la mayoría me sacan de quicio, pero ahora vamos a hablar de una en particular.
Esa manía que tiene de comprar las cosas pensando en que la posibilidad de cambio o devolución está ahí, latente. O sea, si vos vas a la tienda, arrastrás a alguien a que te acompañe, pasás horas probándote y eligiendo lo que más te convence, pidiéndole opinión a tu rehén, aceptando o ignorando su opinión, negociando los planes de pago… no tendría que importar si la prenda tiene o no cambio, ¿verdad? Porque digo yo que se supone que si la deliberación fue tan difícil y meticulosa por lo menos que sea permanente. Pues no. Mi madre llega a casa y se da cuenta de que ay el color en realidad no favorece tanto, ay no sé si este corte es tan elegante, ay no me di cuenta que la semana pasada me había comprado esto que es parecido. Y hay que volver. Volver a la tienda, volver al probador, volver al proceso. Y toda esta descripción es válida para cualquier prenda de ropa, pero también para todo tipo de artículos, sin importar el género (electrodomésticos, ropa de cama, perfumería, artículos de bazar, regalos a quien sea, cosas de papelería, you name it!) ni el destinatario.
Ayer llegó a lo que yo considero su récord personal. Yo fui al médico, y me recetó un remedio. Entonces al salir de la consulta pasé por la farmacia para empezar el tratamiento lo antes posible. Y mi madre me llama poco después, inquiriendo sobre tal medicamento, y tras decirme que según ella hay otro mejor (sí, sí, ella es experta en medicina, en economía mundial, en finanzas, en idiomas, en cine, en meteorología, en calentamiento global,…) agrega:
-“¿No podés volver a la farmacia y ver si no tiene cambio? Estoy segura que te lo cambian, decíles que te equivocaste al leer la receta…”
Esa manía que tiene de comprar las cosas pensando en que la posibilidad de cambio o devolución está ahí, latente. O sea, si vos vas a la tienda, arrastrás a alguien a que te acompañe, pasás horas probándote y eligiendo lo que más te convence, pidiéndole opinión a tu rehén, aceptando o ignorando su opinión, negociando los planes de pago… no tendría que importar si la prenda tiene o no cambio, ¿verdad? Porque digo yo que se supone que si la deliberación fue tan difícil y meticulosa por lo menos que sea permanente. Pues no. Mi madre llega a casa y se da cuenta de que ay el color en realidad no favorece tanto, ay no sé si este corte es tan elegante, ay no me di cuenta que la semana pasada me había comprado esto que es parecido. Y hay que volver. Volver a la tienda, volver al probador, volver al proceso. Y toda esta descripción es válida para cualquier prenda de ropa, pero también para todo tipo de artículos, sin importar el género (electrodomésticos, ropa de cama, perfumería, artículos de bazar, regalos a quien sea, cosas de papelería, you name it!) ni el destinatario.
Ayer llegó a lo que yo considero su récord personal. Yo fui al médico, y me recetó un remedio. Entonces al salir de la consulta pasé por la farmacia para empezar el tratamiento lo antes posible. Y mi madre me llama poco después, inquiriendo sobre tal medicamento, y tras decirme que según ella hay otro mejor (sí, sí, ella es experta en medicina, en economía mundial, en finanzas, en idiomas, en cine, en meteorología, en calentamiento global,…) agrega:
-“¿No podés volver a la farmacia y ver si no tiene cambio? Estoy segura que te lo cambian, decíles que te equivocaste al leer la receta…”
viernes, 3 de diciembre de 2010
Recuerdos de una niñez particular
Cuando yo era chiquita, mi madre se hacía la manicura con Tere, siempre con Tere, la misma Tere que ahora que ya no soy chiquita le sigue haciendo la manicura a mi madre. Y desde que soy chiquita, mi madre y Tere charlan mientras tanto. De todos los temas habidos y por haber. Un día, cuando yo tendría alrededor de cuatro años, mi madre, con las manos en sus respectivos tachitos con agua, me preguntó delante de Tere “No te gustaría ser manicura?”. No me pregunten de qué podrían estar hablando Tere y mi madre que desembocara en tal pregunta, ni por qué a mi madre se le ocurrió hacérmela a mí, tan sólo una niña, ni cuál sería la respuesta que pretendía recibir. Lo único que sé es que yo, que si hoy soy tajante y descontrolada al hablar imagínense como sería a los cuatro años de edad, contesté “No”. Cuando Tere se fue me rezongaron. Y no entendí por qué.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Sra Bibliotecaria
Un recuerdo que me vino así de repente:
Mi hermana y yo, de chiquitas, sacábamos libros y libros de la biblioteca del colegio. De esos llenos de imágenes y colores. Y todos los años, cuando se acercaba fin de año, mi madre nos hacía buscar y buscar todos esos libros, agarraba la pila entera, y nos llevaba al colegio, para que diéramos la cara frente a las bibliotecarias, por supuesto con una caja de chocolates importados de regalo, para que les fuera más fácil perdonar el retraso…
Mi hermana y yo, de chiquitas, sacábamos libros y libros de la biblioteca del colegio. De esos llenos de imágenes y colores. Y todos los años, cuando se acercaba fin de año, mi madre nos hacía buscar y buscar todos esos libros, agarraba la pila entera, y nos llevaba al colegio, para que diéramos la cara frente a las bibliotecarias, por supuesto con una caja de chocolates importados de regalo, para que les fuera más fácil perdonar el retraso…
martes, 23 de noviembre de 2010
Mamá por Skype
Hace un tiempo mi vieja descubrió Skype, y desde entonces yo no paro de reírme. No es que yo sea burlona ni soberbia ni mala, es simplemente que ella es muy, muy graciosa.
Primero, está el tema de que como hace bastante poco que descubrió todo lo que Skype tiene para ofrecer, todavía no lo tiene totalmente integrado a su rutina. Entonces sucede que hablamos horas por teléfono, y después de que cortamos se acuerda de la existencia de Skype. Y me manda un mensaje de texto diciéndome que me conecte. Y me conecto, pero ya nos dijimos todo en la previa conversación telefónica. En estas ocasiones, gracias al poder de la camarita, yo me convierto en una especie de payasito que ha de entretener a su audiencia.
“A ver alejáte un poco que quiero ver como te queda ese pantalón”
“Mostráme de perfil cómo son los lentes nuevos”
“Dáte vuelta que quiero ver como tenés el pelo”
Todo el tema de que nos podamos ver a través de las respectivas webcams le parece formidable. Tanto, que a veces, mientras hablamos por teléfono, ve la computadora por ahí tirada, y se le prende la lamparita: “Conectáte así te veo”. Entonces se sienta frente a la compu, y siempre con el teléfono al oido, me sigue hablando. Hasta que le explico que los micrófonos de las computadoras se activan mientras estamos en videoconferencia. Ahí apaga el teléfono, que por supuesto inmediatamente empieza a sonar. Y siempre es alguna de mis tías. Mi madre, entusiasmadísima, me hace señas por la cámara y pone el teléfono al lado del micrófono de la computadora para que les hable. Todavía no me animé a explicarle que ellas también tienen cuenta en Skype y que siempre hablamos. No quiero desilusionarla.
A veces me llama por Skype mientras mi padre está ahí al lado mirando el noticiero por televisión. Entonces a ella de vez en cuando la atención se le desvía hacia las noticias. Y si considera que una noticia podría o debería ser de mi interés, sube al máximo el volumen de la tele a ver si llego a oírla. Tampoco me atreví a explicarle que se pueden encontrar los informativos online. Después de un rato, veo a través de la cámara que está un poco inquieta, como buscando algo… Se para, desaparece un rato, y después vuelve a sentarse frente a la compu. Pero en vez de seguir hablándome, analiza la computadora, sus costados, la da vuelta… Hasta que encuentra donde enchufar los auriculares “Es que tu padre tiene la tele tan alta que no te oigo, por eso me pongo auriculares”. Sólo que los enchufó donde va el micrófono externo…
Todo esto es muy gracioso, sí, pero lo mejor es cuando mientras hablamos se empieza a aburrir, y como que se olvida de que la cámara es verdaderamente una cámara, y que yo estoy viendo todo lo que hace, y la empieza a tomar como una especie de espejo. Se acerca al visor, intenta ver si le salieron nuevas canas, se apreta granos, se mira si tiene algo entre los dientes. En serio.
Y finalmente, está eso de que cree que una vez que desconectás la cámara ya está. Pero no, no está. El micrófono sigue prendido y yo sigo escuchando todo lo que dice. Por ejemplo, como le explica paso a paso a mi padre todo lo que acaba de hablar conmigo…
Primero, está el tema de que como hace bastante poco que descubrió todo lo que Skype tiene para ofrecer, todavía no lo tiene totalmente integrado a su rutina. Entonces sucede que hablamos horas por teléfono, y después de que cortamos se acuerda de la existencia de Skype. Y me manda un mensaje de texto diciéndome que me conecte. Y me conecto, pero ya nos dijimos todo en la previa conversación telefónica. En estas ocasiones, gracias al poder de la camarita, yo me convierto en una especie de payasito que ha de entretener a su audiencia.
“A ver alejáte un poco que quiero ver como te queda ese pantalón”
“Mostráme de perfil cómo son los lentes nuevos”
“Dáte vuelta que quiero ver como tenés el pelo”
Todo el tema de que nos podamos ver a través de las respectivas webcams le parece formidable. Tanto, que a veces, mientras hablamos por teléfono, ve la computadora por ahí tirada, y se le prende la lamparita: “Conectáte así te veo”. Entonces se sienta frente a la compu, y siempre con el teléfono al oido, me sigue hablando. Hasta que le explico que los micrófonos de las computadoras se activan mientras estamos en videoconferencia. Ahí apaga el teléfono, que por supuesto inmediatamente empieza a sonar. Y siempre es alguna de mis tías. Mi madre, entusiasmadísima, me hace señas por la cámara y pone el teléfono al lado del micrófono de la computadora para que les hable. Todavía no me animé a explicarle que ellas también tienen cuenta en Skype y que siempre hablamos. No quiero desilusionarla.
A veces me llama por Skype mientras mi padre está ahí al lado mirando el noticiero por televisión. Entonces a ella de vez en cuando la atención se le desvía hacia las noticias. Y si considera que una noticia podría o debería ser de mi interés, sube al máximo el volumen de la tele a ver si llego a oírla. Tampoco me atreví a explicarle que se pueden encontrar los informativos online. Después de un rato, veo a través de la cámara que está un poco inquieta, como buscando algo… Se para, desaparece un rato, y después vuelve a sentarse frente a la compu. Pero en vez de seguir hablándome, analiza la computadora, sus costados, la da vuelta… Hasta que encuentra donde enchufar los auriculares “Es que tu padre tiene la tele tan alta que no te oigo, por eso me pongo auriculares”. Sólo que los enchufó donde va el micrófono externo…
Todo esto es muy gracioso, sí, pero lo mejor es cuando mientras hablamos se empieza a aburrir, y como que se olvida de que la cámara es verdaderamente una cámara, y que yo estoy viendo todo lo que hace, y la empieza a tomar como una especie de espejo. Se acerca al visor, intenta ver si le salieron nuevas canas, se apreta granos, se mira si tiene algo entre los dientes. En serio.
Y finalmente, está eso de que cree que una vez que desconectás la cámara ya está. Pero no, no está. El micrófono sigue prendido y yo sigo escuchando todo lo que dice. Por ejemplo, como le explica paso a paso a mi padre todo lo que acaba de hablar conmigo…
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jueves, 11 de noviembre de 2010
¿Perturbador?
Tengo una confesión que hacer… A mí a veces me pasa que salgo apurada a una reunión, una cena, una cita, lo que sea, y en el ascensor me miro al espejo e inmediatamente escucho la voz de mi madre (en mi cabeza) diciéndome « ponéte carabanas ». Y mi madre no está ahí, no me vio salir y no me verá llegar, y nunca sabrá como fui vestida a esa reunión, pero yo igual me pongo de malhumor y le contesto a la voz en mi cabeza « ay, ta, no pasa nada por una vez que salga sin carabanas… no tenía tiempo, y ahora no puedo volver a buscarlas porque llego tardísimo… no jodas ».
viernes, 22 de octubre de 2010
¿Tenés fuego?
Hay algunos padres que de pronto un día descubren que su hijo fuma. Y yo me dirijo a ellos.
Señores, es muy posible que su hijo sea de esos que empezaron a fumar desde su más temprana pubertad. Y probablemente, él ni siquiera haya hecho mucho por ocultarlo, pero ustedes pasaron por alto todas las pistas que se les presentaron. Por ejemplo, cada vez que su hijo decía “me voy a caminar media cuadra” no iba a caminar media cuadra sin nada en la mano… iba a caminar media cuadra con un cigarrillo en la mano. Cada vez que su hijo ponía a lavar toda la ropa porque apestaba a cigarrillo alegando que “había un montón de gente fumando anoche en el bar y se me impregnó” el que fumaba era él, y no en el interior del bar, sino en la puerta, del lado de afuera, porque hace ya varios años que se prohibió fumar en lugares públicos. Cada vez que ustedes, queriendo poner agua a calentar para un mate o un café, se preguntaban a dónde habrían ido a parar todos los encendedores y fósforos de la cocina, hubiera sido más lógico responderse que al bolsillo de la mochila de su hijo, en vez de convencerse que la empleada se los robaba.
...
Señores, es muy posible que su hijo sea de esos que empezaron a fumar desde su más temprana pubertad. Y probablemente, él ni siquiera haya hecho mucho por ocultarlo, pero ustedes pasaron por alto todas las pistas que se les presentaron. Por ejemplo, cada vez que su hijo decía “me voy a caminar media cuadra” no iba a caminar media cuadra sin nada en la mano… iba a caminar media cuadra con un cigarrillo en la mano. Cada vez que su hijo ponía a lavar toda la ropa porque apestaba a cigarrillo alegando que “había un montón de gente fumando anoche en el bar y se me impregnó” el que fumaba era él, y no en el interior del bar, sino en la puerta, del lado de afuera, porque hace ya varios años que se prohibió fumar en lugares públicos. Cada vez que ustedes, queriendo poner agua a calentar para un mate o un café, se preguntaban a dónde habrían ido a parar todos los encendedores y fósforos de la cocina, hubiera sido más lógico responderse que al bolsillo de la mochila de su hijo, en vez de convencerse que la empleada se los robaba.
...
miércoles, 20 de octubre de 2010
Mensaje de texto
Yo tengo una tía muy graciosa. Bueno, tengo muchas tías, todas muy graciosas. Pero esta en especial. No hace mucho descubrió que se pueden mandar mensajes de texto por el celular. Y entonces, de vez en cuando, si por alguna razón es mejor no llamar, ella manda un sms. Y nosotros no sabemos si es que ella escribe utilizando el mecanismo del diccionario automático sin haberlo entendido del todo, o si es que escribe sin ese mecanismo, letra por letra, aburriéndose en la mitad del mensaje, pero el tema es que sus mensaje son en código. Un dialecto extraordinario que parece sacado de esas películas de ciencia ficción. Y bueno, uno sonríe e intenta descifrar el mensaje. “Okivha” por ejemplo vendría a ser yo, Olivia, y “Pejaxa” por ejemplo vendría a ser mi hermana, Pelaya. Y si fuera de contexto apareciera la palabra “amo” vendría a remplazar un “con”. Y si el mensaje terminara con un “Cero” vendría a ser un “Beso”. Hasta ahí llegamos, ese tipo de cosas, logramos decodificarlas. Pero un día mi tío recibió un mensaje terrible, una cosa que leía más o menos así:
“Ghudb jd jbdk poros kehj Jeronlkö ?”
Después nos enteraríamos que era la manera de mi tía de preguntar por mi primo Jerónimo, quien había dicho que volvería a una determinada hora de la casa del amigo, y muy pasada esa hora todavía no había llegado.
Pero ese mensaje mi tío no lo entendió. No lo entendió ni ahí. Tuvo que llamarla y confirmar a qué se refería. Y aprovechó para explicarle que ese mensaje o era sencillamente incomprensible, o estaba escrito en un lenguaje extraterrestre. Y mi tía, indignada le contestó:
-“¡Un poco de imaginación!”
“Ghudb jd jbdk poros kehj Jeronlkö ?”
Después nos enteraríamos que era la manera de mi tía de preguntar por mi primo Jerónimo, quien había dicho que volvería a una determinada hora de la casa del amigo, y muy pasada esa hora todavía no había llegado.
Pero ese mensaje mi tío no lo entendió. No lo entendió ni ahí. Tuvo que llamarla y confirmar a qué se refería. Y aprovechó para explicarle que ese mensaje o era sencillamente incomprensible, o estaba escrito en un lenguaje extraterrestre. Y mi tía, indignada le contestó:
-“¡Un poco de imaginación!”
jueves, 30 de septiembre de 2010
Te juro que no me gusta
Una cosa que me molesta es la gente que molesta a la gente porque no le gusta algo.
Voy a esclarecer mi propósito con un ejemplo.
Hoy fui a un té con mi madre y sus amigas (cosas que pasan) y había una Carrot Cake con canela. A una de las amigas de mi madre no le gusta la canela, nunca en su vida le gustó, y jamás la usó al cocinar, haciendo que a sus hijos tampoco les guste demasiado. No me explico yo por qué, pero a todas las señoras reunidas en el té les pareció totalmente inaceptable que ella ni probara el Carrot Cake ni le gustara la canela. Silenciosamente, a través de miradas cómplices mientras la desafortunada se servía un pedazo de la fatal torta, las demás se comunicaron que sería buena idea no advertirle que uno de sus ingredientes era aquel enemigo íntimo, con la esperanza que al fin se reconciliaran. Pero ella lleva una vida haciéndole la guerra a la canela, así que obviamente, al primer mordisco lo notó, y educadamente devolvió el plato. Las demás, sintiéndose sabias y generosas por querer compartir su sabiduría, convencidas de que se trataba de un capricho de nuestra heroína, insistieron, con argumentos del estilo de:
-“Ay pero probá un poco más, si ni se nota”
-“¡Qué exagerada! Si apenas tiene canela...”
-“No sabés de lo que te perdés… Cuando te animes te vas a querer matar porque vas a descubrir que te encanta”
Y yo tuve que intervenir. Pobre… ¿Qué les molesta que haya una persona más en el mundo a la que no le guste la canela? ¿Qué cambiaría en sus monótonas vidas que ella comiera o dejara de comer la torta de zanahoria? ¿Cómo pueden creer que una persona que jamás comió algo no lo iba a notar su primera vez?
En realidad, yo la quise ayudar porque me sentí identificada. Tengo gustos especiales, y sí, caprichosos. Pero no molestan a nadie. Y si no molestan a nadie, ¿por qué les molestan? ¡!
Por ejemplo, yo no tomo bebidas con gas. Para nada. Me fascina el agua natural, sin gas. Todo lo demás me parece artificial. Y eso, believe it or not, me convierte en una paria. Cada vez que vamos en familia a comer a un restaurante y el mozo se acerca a preguntar qué vamos a tomar, yo la paso mal. Todos se entremiran, y muy rápidamente llegan a la conclusión de que hay que pedir tantas botellas grandes para compartir de Coca Cola común, y tantas otras de Coca Cola Light. Y yo, tímida y vergonzosamente, tengo que declarar que yo quiero un agua mineral sin gas, soportando las miradas acusadoras de toda la mesa, como si estuviera cometiendo un crimen imperdonable. En los cumpleaños infantiles también la paso mal. Tantos vasitos desperdigados con Coca, Fanta y Sprite me hacen sentir como una pecadora capital cada vez que me tengo que dirigir medio a escondidas hacia la cocina a pedir en voz bajita que alguien se apiade de mí y me sirva un vasito de agua, así nomás, de la canilla.
Y los días pasan, y yo sigo sin entenderlo… ¿¿A quién molesto tomando agua??
También me molesta profundamente cuando alguien, tras descubrir que no me gusta algo, decide moralizarle, abrirme la cabeza, ampliarme el horizonte. Ahí me largan preguntas del estilo de:
-“¿Pero cómo sabés que no te gusta? ¿Lo probaste alguna vez?”
Y a mí me dan ganas de contestar:
-“No, sabés lo que, nunca lo probé ni lo probaré… Soy una caprichosa que decidió que algo no le gusta y punto… ¡Pero tengo derecho! ¡A vos ¿qué te cambia?!”
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Literatura, Cuarto año
Mi padre es muy gracioso. El dice que desde que mi hermano entró en la adolescencia, su cuerpo (el de mi padre) desarrolló como una magnetita que hace que cada vez que pasa cerca de una computadora (mientras mi hermano trabaja en ella) se vayan cerrando velozmente las ventanas. Conversaciones de MSN, cuentas de Facebook, páginas de Twitter, videos de Youtube, todo va desapareciendo en cuestión de milésimas de segundo, para que cuando él llegue a ver la pantalla, lo único que quede es un documento Word vacío, titulado “Vida y Obra de Lope de Vega”
martes, 28 de septiembre de 2010
Modo de empleo
Una cosa que me molesta es la gente de manual. Esa gente que uno tiene que ir aprendiendo cómo tratar, ir reteniendo cómo reaccionará frente a cada situación, ir sabiendo qué hacer frente a cada una de sus reacciones. Esa gente que si se enoja, hay que saber que es mejor hacer tal o tal cosa porque el enojo se le pasa solo, o más rápido, si se respetan esas consignas. Si se pone mal, lo que hay que hacer es esto, porque sino se empeora la situación. Frente a tal actitud, el procedimiento es tal, porque sino se complica todo. En serio, suficientes problemas tiene uno como para sentir que camina pisando huevos con sus amigos…
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