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martes, 14 de febrero de 2012

Say cheese !

La gente que no consigue quedarse quieta durante 5 segundos, que no consigue dedicarte exclusivamente su atención por 5 segundos, ese poquito tiempo que necesitás para sacarles una foto, una solita, y por ende en todas todas todas las fotos que tenés de ellos, así se sea solos, con alguien más, en grupo, adentro, afuera, en verano, en invierno, en todas, todas, salen mirando para otro lado. Esa gente, me irrita bastante. Y lo peor es que no es una irritación momentánea, no. Es una irritación prolongada, que empieza en el momento en que se saca la foto fallida, y que renace cada vez que uno ve la pésima foto obtenida.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

No es para mi

Estamos mi hermano y yo haciendo nada, tranquilamente, cuando de repente suena el teléfono. El, haciendo uso de toda la inteligencia correspondiente al superdotado que me quieren hacer creer que es, llega a la conclusión de que nos conviene que atienda yo. Así que atiendo yo, y después de que corto, él pregunta:

- ¿Quién era?
- Equivocado
- ¿Cómo que equivocado, si dijiste “hola mamá”?
- Era mamá que se equivocó, en realidad quería llamar a la tía

domingo, 31 de octubre de 2010

Facebook

El otro día un conocido me preguntó si tenía una cuenta en Facebook. Yo le dije que no, porque la verdad que no quería que él estuviera al tanto de todo lo que mis contactos puedan poner sobre mí. Por lo menos por ahora, capaz que si nos hacemos más cercanos sí, pero por el momento ni nos conocemos tanto, así que no me inspira exponerme así a extraños. Y él, por supuesto, me preguntó:
-“¿No? ¿Cómo que no?”
A lo que inocentemente respondí:
-“No, no, en serio, no me gusta que todo el mundo esté al tanto de mi vida privada, no sé, no me convence eso de permitir que se revele tanto de mí”.
Y como era de esperar, ahí empezó a presentarme todos esos argumentos que ya he oído mil veces por parte de la gente que cree (no sé por qué insólita razón) que es fundamental para el futuro de la humanidad convencerme de hacerme una cuenta en Facebook. Que cómo que no, que si no sé lo útil que es para cualquier propósito, que si no sé que mis conocidos igual pueden subir fotos y comentarios sobre mí sin que yo tenga una cuenta, que si no estoy al tanto de todos los dispositivos que tiene Facebook de protección de privacidad, que si no sé que tenés el derecho de elegir cada vez que subís algo a la red quién querés que lo vea y quién no, etc. Y a todo esto yo respondí lo mismo que ya he respondido mil veces. Que sí, que ya sé todo eso, pero que si la gente sube cosas sobre mí, por lo menos no me puede etiquetar porque no tengo cuenta y la cadena se corta más rápido, que por más que hayan opciones para asegurar mi privacidad, nunca se puede controlar totalmente todo lo que todos tus contactos y los contactos de tus contactos hagan, que por más que yo pueda pedir que se saque una foto donde me hayan etiquetado siempre va a haber un lapso de tiempo en que esa foto estuvo publicada a la vista de mis conocidos sin que yo lo quisiera,… (y muchas cosas más que me cansa enumerar ahora).
Y él, nada convencido por mis argumentos, terminó la conversación diciéndome:
-“Ah, ya entiendo, sos de las que tienen algo que ocultar”

miércoles, 27 de octubre de 2010

Qué HDP

En la estación de metro cerca de casa, a la que voy todos los días, varias veces por día, a tomar el metro, la escalera mecánica no anda. Desde hace ya varias semanas. Y esa escalera mecánica es el único modo de acceder a las vías para tomar el metro, es decir, no hay una escalera normal y tampoco hay ascensor. O sea que desde hace varias semanas, toda la gente que tiene que tomar el metro en esa estación maldice su suerte cada día ya que debe subir los altos e incómodos escalones de la escalera mecánica apagada. Y yo desde hace varias semanas me imagino que en algún lugar de París hay alguien riéndose para sus adentros al imaginar el esfuerzo físico que hacemos todos al subir una escalera mecánica apagada. Es que verán, para mí, la razón por la cual la escalera está apagada es que ese alguien apretó el botón “Stop” del costadito de la escalera. Sencillamente.

martes, 12 de octubre de 2010

¡Arriba!

Erase una vez una chica que se despertaba efectivamente con el sonido del despertador. Esa chica soy yo, y digo “érase una vez” porque ya no lo es… No sé en qué momento se produjo un cambio tan brusco, pero ahora me encuentro despertándome horas y horas después de lo planeado, tras haber apagado el despertador en un acto de total inconsciencia. Y no sé cómo solucionarlo… Ya probé programando tres, cuatro, diez alarmas diferentes, ya probé con el volumen máximo del aparatejo, ya probé cambiando la canción por la más irritante, ya probé alejando el despertador para forzarme a moverme para apagarlo… ¿Será que debo rendirme? ¿Será que debo cambiar todas mis clases y tomar sólo las de la tarde?

miércoles, 28 de octubre de 2009

Te dejo...

Exijo respeto. ¡¿Por qué cuando uno dice por teléfono “Te dejo que estoy llegando tarde” recién ahí al interlocutor se le ocurre empezar esa gran disertación de todo lo que le sucedió en su ocupadísimo día?!

lunes, 26 de octubre de 2009

Correo de voz

¿Cómo es que siempre que un auto tiene la voz esa que te avisa que no te pusiste el cinturón o que la puerta está mal cerrada, y siempre que los celulares tienen la función esa de que vos le enunciás a quién querés llamar y el celular te contesta “Llamando a”, y siempre que los ascensores tienen el parlantito que te va indicando oralmente a qué piso vas llegando, y siempre que hay un correo de voz… Cómo es que siempre la voz es una voz femenina?