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martes, 23 de noviembre de 2010

Mamá por Skype

Hace un tiempo mi vieja descubrió Skype, y desde entonces yo no paro de reírme. No es que yo sea burlona ni soberbia ni mala, es simplemente que ella es muy, muy graciosa.

Primero, está el tema de que como hace bastante poco que descubrió todo lo que Skype tiene para ofrecer, todavía no lo tiene totalmente integrado a su rutina. Entonces sucede que hablamos horas por teléfono, y después de que cortamos se acuerda de la existencia de Skype. Y me manda un mensaje de texto diciéndome que me conecte. Y me conecto, pero ya nos dijimos todo en la previa conversación telefónica. En estas ocasiones, gracias al poder de la camarita, yo me convierto en una especie de payasito que ha de entretener a su audiencia.
“A ver alejáte un poco que quiero ver como te queda ese pantalón”
“Mostráme de perfil cómo son los lentes nuevos”
“Dáte vuelta que quiero ver como tenés el pelo”

Todo el tema de que nos podamos ver a través de las respectivas webcams le parece formidable. Tanto, que a veces, mientras hablamos por teléfono, ve la computadora por ahí tirada, y se le prende la lamparita: “Conectáte así te veo”. Entonces se sienta frente a la compu, y siempre con el teléfono al oido, me sigue hablando. Hasta que le explico que los micrófonos de las computadoras se activan mientras estamos en videoconferencia. Ahí apaga el teléfono, que por supuesto inmediatamente empieza a sonar. Y siempre es alguna de mis tías. Mi madre, entusiasmadísima, me hace señas por la cámara y pone el teléfono al lado del micrófono de la computadora para que les hable. Todavía no me animé a explicarle que ellas también tienen cuenta en Skype y que siempre hablamos. No quiero desilusionarla.

A veces me llama por Skype mientras mi padre está ahí al lado mirando el noticiero por televisión. Entonces a ella de vez en cuando la atención se le desvía hacia las noticias. Y si considera que una noticia podría o debería ser de mi interés, sube al máximo el volumen de la tele a ver si llego a oírla. Tampoco me atreví a explicarle que se pueden encontrar los informativos online. Después de un rato, veo a través de la cámara que está un poco inquieta, como buscando algo… Se para, desaparece un rato, y después vuelve a sentarse frente a la compu. Pero en vez de seguir hablándome, analiza la computadora, sus costados, la da vuelta… Hasta que encuentra donde enchufar los auriculares “Es que tu padre tiene la tele tan alta que no te oigo, por eso me pongo auriculares”. Sólo que los enchufó donde va el micrófono externo…

Todo esto es muy gracioso, sí, pero lo mejor es cuando mientras hablamos se empieza a aburrir, y como que se olvida de que la cámara es verdaderamente una cámara, y que yo estoy viendo todo lo que hace, y la empieza a tomar como una especie de espejo. Se acerca al visor, intenta ver si le salieron nuevas canas, se apreta granos, se mira si tiene algo entre los dientes. En serio.

Y finalmente, está eso de que cree que una vez que desconectás la cámara ya está. Pero no, no está. El micrófono sigue prendido y yo sigo escuchando todo lo que dice. Por ejemplo, como le explica paso a paso a mi padre todo lo que acaba de hablar conmigo…

domingo, 28 de marzo de 2010

How I Met Your Mother: ¿¡por qué no me lo contás de una vez?!

Entre todas mis primas, yo tengo una prima, y esta prima me incitó a ver How I Met Your Mother. Y yo ahora a esa prima ¡la quiero matar! En serio… Cinco temporadas y todavía no se sabe quién piiiiip(inserte mala palabra aquí) es la madre ¡¡!! Que alguien me lo diga yaaaaaaaa.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tantos ejemplos, tantos...

No sé nada del show business ni de cómo funcionan las cosas ahí adentro, pero hay alguien ahí, que no sé si es el productor, o los escritores, o los creadores, o vaya uno a saber, quizá hasta el vestuarista, que no entendió que las series tienen una esperanza de vida determinada. Y si hacés mucha fuerza, capáz se la alargás un poco. Pero un poco. Alargarla mucho nunca es bueno, porque sólo se estará prolongando un fracaso. Es inevitable. Y lo peor es que hay claros indicios de que se está frente a un fracaso, que hasta yo, una simple mortal, sé distinguir. Les doy algunos ejemplos, señores Hollywood, gentileza de Olivia T., para que todos acabemos con la agonía:
Si en un desesperado intento de recuperar rating hay que usar recursos como:
- que a uno de los personajes principales le aparezca totalmente de las naranjas, sin ninguna previa mención ni sospecha en todos los años de serie, un hijo adolescente, crecidito y todo
- que visto que ya se formaron y ya se rompieron todas las combinaciones posibles de parejas se vuelva a empezar el círculo, haciendo que aquel matrimonio que se había separado divorciado confrontado maldecido en la primer temporada se vuelva a casar
- que una de las protagonistas se haga lesbiana (¡¿de qué otra forma justificar sino esas escenas subidas de tono de girl on girl action que van a atraer a la audiencia?!)
- que como los representantes de los actores de más peso se han dado cuenta del inminente fracaso, les consiguen a sus clientes mejores papeles, haciendo que abandonen la serie, y por ende una seguidilla de personajes resulta que de pronto o padecen de alguna enfermedad fatal que los llevará a la muerte en cuestión de capítulos nomás, o han de viajar a la conchinchina para “reencontrarse con ellos mismos” o mueren repentinamente de un súbito accidente
- que como ya no quedan parejas posibles para la bella rubia flaca protagonista, ésta decida… sí, sí, hacerse monja
(y la infaltable:)
- que sin ningún antecedente alguna de las mujeres aparezca embarazada… con el consecuente suspenso de quién será el padre (pero bien sabemos que lo va a perder, al bebé, porque es bastante complicado integrar un infante a la serie)

Resumiendo, si hubo que recurrir a alguna de estas ideas, o a ideas similares, es que no está garantizado que la serie sobreviva una temporada más.