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domingo, 6 de febrero de 2011

Starbucks

Estábamos paseando con mi hermano por una de esas grandes avenidas turísticas, cuando pasamos delante de un Starbucks. Yo, entusiasmadísima, por supuesto, le propuse hacer una pausa en nuestro recorrido y entrar a tomar y comer algo. El me contestó:
-“No sé, no me gusta tanto en realidad, el otro día vine con unos amigos, y ¿sabés que sólo sirven café y té? No tienen refrescos… Yo no sabía qué pedirme… Sólo café hay…”
Y ahí, petrificada, me hice por primera vez esa pregunta, que todos en algún momento nos hacemos : Mi hermano, ¿será adoptado?

viernes, 17 de diciembre de 2010

No me arrepiento...

Mi hermano se vino de viaje pedagógico con su clase del liceo precisamente al lugar donde yo estoy, así que me pareció buena idea ir a esperarlos al aeropuerto. Sólo para verlos llegar, recibir a mi hermano, verlo después de tanto tiempo, darle un abrazo y ese tipo de cosas. No mucho más porque el grupo enseguida seguía con el itinerario previsto, las visitas turísticas, los recorridos pedagógicos. Los chicos viajaron con tres adultos del liceo encargados de encuadrarlos. Una de las profesoras, no lo pudo evitar, y lo primero que me dijo al verme, pero lo primero en serio, incluso antes de “Hola” o “Tanto tiempo” o “Qué grande que estás” o “Verdad que vos estás acá”, fue:
-“Te veo a vos y me arrepiento… Porque mi hermana está viviendo acá, y no se me ocurrió decirle que podía venir al aeropuerto a recibirnos”
Y yo después, por supuesto, le conté esto a mi hermanita Pelaya, quien después de reírse un rato me dijo:
-“La gente te mira y siente arrepentimiento”
No sé mucho qué quiere decir ni cómo tomarlo…

sábado, 4 de diciembre de 2010

Verano en Ginebra

La gente pelotuda es un recurso inagotable. Cada vez me convenzo más.

Un ejemplo nomás para apoyar mi teoría.

En verano, Ginebra, como muchas muchas ciudades del mundo, se llena de turistas. Y también como muchas muchas ciudades del mundo, se llena de oportunistas que saben que va a haber turistas de quiénes aprovecharse. Este verano logré incorporar a mi rutina la linda costumbre de salir a caminar todos los días (linda costumbre que duró muy poco, como se imaginarán), pero mientras duró pude admirar el siguiente fenómeno. Durante todos los meses de verano, en cada una de las cuatro esquinas de cada cuadra del centro de Ginebra (sin exagerar), se instala un tipo con un mantelito que extiende en el piso, sobre el que pone tres cajitas del tamaño de las de fósforos, y una pelotita más chiquita todavía. La idea es que por una determinada cantidad de dinero (no quise ni averiguar cuánto, pero hay rumores que dicen que son 10 francos suizos, otros 20 y unos pocos van incluso hasta 30) el curioso transeúnte puede participar en el juego de adivinar bajo qué cajita se encuentra la pelotita, después de que el tipo la movió varias veces con las dos manos. La gente que se para a mirar un rato se convence de que es simple, y se dice que lo único que hay que hacer es seguir fijamente con la vista, y sin perderla, a la pelotita. Y listo. Y el tipo promete que si le embocás a la cajita correcta, te devuelve el doble de lo que le pagaste. A mí, mente podrida de nacimiento, esto ya me suena raro. Pero hay gente a la que no, hay gente que participa feliz. Y hete aquí que nunca gana (no me digas…). Resulta que es sabido que estos tipos hacen trampa, cuando mueven la pelotita terminan quedándosela en la mano, y hay otra escondida bajo una cajita cualquiera, o sea que nadie adivinará dónde estaba. Además, siempre tienen uno o dos aliados que hacen de cuenta que participan y que ganan, para esperanzar al público e incitarlos a ganar plata (supuestamente) fácil. Lo que es increíble es que en cada esquina del centro de Ginebra donde se encuentra uno de estos tipos haciendo su show, hay, en todo momento del día, al menos diez personas mirando incrédulas, y claro, participando. Y de vez en cuando, se escucha a alguien pasar por ahí, gritando desaforado e indignado frases nada sutiles en las que aconseja a la gente que se aleja para no ser estafada. Y en las tiendas, en muchos mostradores colgaron fotos de estos tipos haciendo su jueguito, con la inscripción “No se acerque, es una estafa”. Y para los ginebrinos es como un deber ciudadano el correr la bola de que no hay que detenerse ante este presunto entretenimiento.

Lo que yo no entiendo es cómo, con tanta advertencia propagándose por ahí, cada uno de estos tipos logra tener constantemente una decena de espectadores y/o contribuyentes.

No les digo, la gente pelotuda es un recurso inagotable.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Cena de estudios

Este cuento es buenísimo…

El otro día la asociación estudiantil de mi facultad organizó para nuestra clase una cena en un restaurante marroquí. Dejemos de lado el hecho de que encontraron el único restaurante en París que no tuviera suficientes sillas ni suficiente espacio para nosotros 30. Dejemos de lado el hecho de que tuvimos que comer en dos tandas porque el propietario del restaurante no poseía 30 platos (sí, sí, historia real). Dejemos de lado el hecho de que el señor estaba tan nervioso por tener que cocinar 30 platos que no nos permitió pedir entradas. Dejemos de lado el hecho de que si queríamos entradas era porque se estaban haciendo las 11 de la noche y todavía ni miras de que llegara la comida. Dejemos de lado todo eso, porque la mejor parte del cuento es la que viene…

Hete aquí que cada plato costaba entre 8,50 y 10 euros, que no pedimos entradas por lo que ya expliqué, que no pedimos postre porque al terminar de comer ya queríamos irnos a dormir, y que las bebidas las llevamos nosotros por un arreglo que se hizo con el dueño. Pero hete aquí que los responsables de la organización de la cena recibieron la cuenta y dividieron el total entre los que éramos, y dio que cada uno tendría que pagar 11,50 euros.

Lo mismo pensé yo…

Y ¿saben qué ? estoy haciendo un Master en Economía, o sea que, o 2 economistas cagaron a 28 economistas, o el dueño de un restaurante marroquí cagó a 30 economistas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿Perturbador?

Tengo una confesión que hacer… A mí a veces me pasa que salgo apurada a una reunión, una cena, una cita, lo que sea, y en el ascensor me miro al espejo e inmediatamente escucho la voz de mi madre (en mi cabeza) diciéndome « ponéte carabanas ». Y mi madre no está ahí, no me vio salir y no me verá llegar, y nunca sabrá como fui vestida a esa reunión, pero yo igual me pongo de malhumor y le contesto a la voz en mi cabeza « ay, ta, no pasa nada por una vez que salga sin carabanas… no tenía tiempo, y ahora no puedo volver a buscarlas porque llego tardísimo… no jodas ».

viernes, 29 de octubre de 2010

20 euros

Salí a dar una vuelta y en el medio de la vereda me encontré con un billete de 20 euros. No había nadie en la calle, nadie para ningún lado (ya empezó ese frío que hace que no quieras salir ni por decreto de Estado), nadie a quién preguntarle si le pertenecía, entonces lo junté. Y ahora tengo tremendo sentimiento de culpa porque me imagino todos los posibles propietarios que ese billete podría tener, y siento que todos lo necesitarían más que yo. Entonces no lo gasto. Ahí está, en el escritorio, recordándome que junté un billete del piso que podría haber dejado para el próximo peatón que pasara…

martes, 12 de octubre de 2010

??

Tire y empuje. Son dos opciones. Sólo dos. Entonces…¿¿Cómo hago para abrir las puertas recién al tercer intento??

jueves, 15 de octubre de 2009

Acá me bajo yo

Yo viajaba muy tranquila en el colectivo, cansada, aburrida y con la cabeza contra la ventana, cuando de pronto oigo que una señora, muy perdida, pobre, le pregunta al chofer dónde bajar para llegar adonde quería ir… El chofer, aproximadamente gentilmente contestó que no tenía idea, pero otra señora, con una vida propia muy poco entretenida, por lo visto, entró en la conversación:
-“Te tenés que bajar ahora, en la próxima”
Pero ella no era la única persona en ese momento en el colectivo con escasa vida personal: también había un señor, sentado en las filas centrales, que no pudo contenerse:
-“No, no, para llegar ahí te tenés que bajar en la esquina entre…”
Y ahí arrancó la discusión de dónde habría de bajar la pobre señora, discusión a la que se fueron incorporando poco a poco más interlocutores. Y la señora seguía la discusión con la vista, intentando acertar a quién hacerle caso… Y su cara denotaba un claro desconcierto, sobre todo porque si la primer señora que intervino tenía razón, se tendría que haber bajado seis paradas atrás…

¡ Qué cosa que odio quedarme sin baterías en el Ipod cuando tengo que viajar en colectivo!

viernes, 25 de septiembre de 2009

Mc Donald's

Ay cómo odio este paquetito de mayonesa que no logro abrir y hace quince minutos que estoy intentando y ya probé con los dedos, con los dientes, de un costado, del otro y sigue sin abrir!!!
Y para colmo las papas me miran desde ahí, al ladito, irresistibles, y yo no aguanto, y me como unas cuantas y sigo intentando...
Pero claro, ahora con las manos enaceitadas ya no es difícil, es imposible!
Ahhhhhh qué bronca que no me guste la ketchup que parece abrirse tanto más fácil!!!

domingo, 20 de septiembre de 2009

Brindis

Decíme si no es muy gracioso que cada vez que vas a tomar algo, antes de poder disfrutar del primer sorbo tenés que mirar uno a uno a todos los de tu mesa, quienes te ponen la misma cara de figuras embalsamadas con ojos profundos y espeluznantes que vos les estás poniendo a ellos (esa cara que te hace parecer un perfecto idiota al mismo tiempo que asusta).

Y todo simplemente porque a algún vivo se le ocurrió una vez correr el rumor de que si no se brinda mirando a los ojos a la otra persona no sé bien qué desgracia ocurrirá…

El paso shopping

El paso shopping es mortal.
Eso de que la gente camine así, tranquila, a dos kilómetros por hora, viendo vitrinas, mirando al cielo, tomándose su tiempo, prácticamente pisándose las bolas, mientras vos vas detrás, pensando en las mil cosas que tenés que hacer y el poco tiempo que te queda… let’s be honest, pone histérico a cualquiera!
Te dan ganas de decirles “¡Hace cuadras que venís a este paso! ¿No tenés nada que hacer? ¿Isn’t there some place you have to be?”

sábado, 12 de septiembre de 2009

Ida al cine, todo un tema...

Una cosa que me molesta mucho pero mucho es la manera que la gente tiene de masticar el pop.
En realidad, mientras yo tenga pop en mi balde está todo bien, ni cuenta me doy.
Pero en cuanto se me termina, y en la sala todavía hay gente que sigue teniendo, me dan ganas de gritar en medio de la película "No es momento de masticar pop!"

También me irrita bastante la gente que se olvida de apagar el celular en la sala, y le suena, interrumpiendo lo mejor de la película. Y más todavía me irrita la gente a la que no solo le suena, sino que lo atiende, y habla bajito, agachándose, como si por eso dejara de ser molesto!

Y bastante me perturba pararme en cuanto se termina la pelicula y prenden las luces, y me doy cuenta que estoy caminando sobre los desechos (pop, chicles, papeles de golosinas) que tiraron al piso los niños de adelante.