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lunes, 19 de diciembre de 2011

Tangram

Mi madre, dirigiéndose al vendedor del puesto de acertijos y puzzles artesanales, en el que habíamos estado chusmeando un rato largo:
-“Usted sabe que me sorprendió mucho mi hija, una decepción brutal, yo estaba segura que ella con lo inteligente que es iba a poder armarle la especie de Tangram esa que tiene, pero vio que le costó un montón y no pudo… Ni ahí, ni cerca, un mamarracho le quedó la figura. Las madres siempre pensamos que nuestros hijos son un poco más capaces de lo que en realidad son.”

Respirá hondo. Contá hasta diez.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Home sweet home

Mi madre, con MI computadora en su regazo, me llama:
-“Oliviaaaaaaaaaaa”
-“¿Sí, mami?”
(mentira, le contesté de manera un poco menos gentil)
-“¿No querés revisar tu mail que acá lo tengo abierto? Acá parece que tu colega Carlitos te mandó un mail, y la tienda esa de cosméticos que a mí tanto me gusta te mandó un mensaje con el nuevo prospecto. Creo que la crema que te pedí está de oferta.”

De vuelta a casa por las fiestas. Respirá hondo y contá hasta diez. Ese es mi nuevo pasatiempo. Respirar hondo y contar hasta diez.

martes, 4 de enero de 2011

Stade de France

Fuimos con mi hermano a hacer el recorrido del Stade de France, una visita guiada por todos los recovecos del inmenso estadio. Al empezar el tour, el guía juntó al grupo y nos preguntó cuántos de nosotros ya conocían el lugar, y para qué habían ido. Una señora, entusiasmadísima, gritó a todo volumen, asegurándose de que todos nos enteráramos:

-“Yo vine dos veces: una para el recital de Johnny Hallyday y otra para el de Céline Dion”

Sí, sí… Hay gente para todo.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Viajar en tren...

Cuento esta historia porque me divierte mucho reírme de mí misma, nomás.

Iba yo viajando tranquilamente en tren hacia el sur, cuando, como corresponde, me da hambre. Por supuesto, había llegado corriendo a la estación, sin tiempo para comprar nada, así que me resigné a dirigirme hacia el vagón-cafetería, donde cada producto cuesta tres veces su precio de mercado. Pero cuando llego, descubro que la fila era demasiado larga, y yo estaba dispuesta a pagar un dineral por una barra de chocolate, pero no a esperar media hora parada por obtenerla. Decidí ir al baño en ese vagón, y después volver al mío. Al rato, cómoda en mi asiento mientras dormitaba, oigo un comunicado del conductor “Estimados pasajeros, su atención por favor. Alguien olvidó su celular en el baño del vagón-cafetería. Por favor, que el dueño se presente ante el controlador para recuperarlo”. Mis ojos se abrieron inmediatamente y salté de mi asiento como impulsada por un resorte, porque sabía que era mi celular. Sólo que al pararme tan repentinamente, quedó claro para todos que era yo la pelotuda que andaba dejando sus pertenencias en el baño. Y lo quise disimular, haciendo de cuenta que me paraba para recuperar mi bufanda y mi campera. Me las puse, e hice un poco de tiempo, y después sí, me encaminé hacia el vagón del controlador, quien me preguntó de qué marca era mi celular, para asegurarse que no mentía. Por supuesto, me había olvidado de la marca, o quizá nunca la supe siquiera… Entonces intenté describirlo… “Es negro, con pantalla,…” ¡Yo qué sé cómo describir un celular! Creo que me lo devolvió por piedad nomás… 

viernes, 17 de diciembre de 2010

No me arrepiento...

Mi hermano se vino de viaje pedagógico con su clase del liceo precisamente al lugar donde yo estoy, así que me pareció buena idea ir a esperarlos al aeropuerto. Sólo para verlos llegar, recibir a mi hermano, verlo después de tanto tiempo, darle un abrazo y ese tipo de cosas. No mucho más porque el grupo enseguida seguía con el itinerario previsto, las visitas turísticas, los recorridos pedagógicos. Los chicos viajaron con tres adultos del liceo encargados de encuadrarlos. Una de las profesoras, no lo pudo evitar, y lo primero que me dijo al verme, pero lo primero en serio, incluso antes de “Hola” o “Tanto tiempo” o “Qué grande que estás” o “Verdad que vos estás acá”, fue:
-“Te veo a vos y me arrepiento… Porque mi hermana está viviendo acá, y no se me ocurrió decirle que podía venir al aeropuerto a recibirnos”
Y yo después, por supuesto, le conté esto a mi hermanita Pelaya, quien después de reírse un rato me dijo:
-“La gente te mira y siente arrepentimiento”
No sé mucho qué quiere decir ni cómo tomarlo…

viernes, 10 de diciembre de 2010

Amaneció nevando en París

Hay gente que dice adorar la nieve. Y yo a ellos les digo:
¿¿De qué estamos hablando?? ¿¿En serio me decís??
Sí, sí, todo muy lindo, muy poético, muy romántico… Las calles cubiertas de blanco, ver desde el balcón como los copos van cubriendo tu ciudad… Precioso. Pero precioso mirarlo por la ventana, con una taza de chocolate caliente en la mano. Sacále una foto y volvé a prender la tele. Tener que ir a la facultad con nieve, hacer mandados con nieve, intentar seguir una rutina con nieve, hacer turismo con nieve, vestirse para un día de nieve, prepararse psicológicamente para un día de nieve… Te lo regalo. Y para el día después del día de nieve, cuando la gente ya caminó sobre nevado, haciendo que la nieve pase de blanca al color de la mugre, y cuando la parte de la nieve sobre la superficie ya empezó a derretirse, haciendo que en algunos lados queden enormes charcos donde la gente mojará el dobladillo de sus vaqueros, y en otros lados capas de hielo extremadamente resbaladizos que representan un peligro digno de ser catalogado tema de seguridad nacional… También te lo regalo.
Y pongo la etiqueta "Viajes con Pelaya" porque fue en boca de ella que oí una de las primeras veces la teoría de que finalmente no es tan claro que esté tan bueno que nieve,  tras uno de nuestros paseos no recuerdo en qué ciudad.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Verano en Ginebra

La gente pelotuda es un recurso inagotable. Cada vez me convenzo más.

Un ejemplo nomás para apoyar mi teoría.

En verano, Ginebra, como muchas muchas ciudades del mundo, se llena de turistas. Y también como muchas muchas ciudades del mundo, se llena de oportunistas que saben que va a haber turistas de quiénes aprovecharse. Este verano logré incorporar a mi rutina la linda costumbre de salir a caminar todos los días (linda costumbre que duró muy poco, como se imaginarán), pero mientras duró pude admirar el siguiente fenómeno. Durante todos los meses de verano, en cada una de las cuatro esquinas de cada cuadra del centro de Ginebra (sin exagerar), se instala un tipo con un mantelito que extiende en el piso, sobre el que pone tres cajitas del tamaño de las de fósforos, y una pelotita más chiquita todavía. La idea es que por una determinada cantidad de dinero (no quise ni averiguar cuánto, pero hay rumores que dicen que son 10 francos suizos, otros 20 y unos pocos van incluso hasta 30) el curioso transeúnte puede participar en el juego de adivinar bajo qué cajita se encuentra la pelotita, después de que el tipo la movió varias veces con las dos manos. La gente que se para a mirar un rato se convence de que es simple, y se dice que lo único que hay que hacer es seguir fijamente con la vista, y sin perderla, a la pelotita. Y listo. Y el tipo promete que si le embocás a la cajita correcta, te devuelve el doble de lo que le pagaste. A mí, mente podrida de nacimiento, esto ya me suena raro. Pero hay gente a la que no, hay gente que participa feliz. Y hete aquí que nunca gana (no me digas…). Resulta que es sabido que estos tipos hacen trampa, cuando mueven la pelotita terminan quedándosela en la mano, y hay otra escondida bajo una cajita cualquiera, o sea que nadie adivinará dónde estaba. Además, siempre tienen uno o dos aliados que hacen de cuenta que participan y que ganan, para esperanzar al público e incitarlos a ganar plata (supuestamente) fácil. Lo que es increíble es que en cada esquina del centro de Ginebra donde se encuentra uno de estos tipos haciendo su show, hay, en todo momento del día, al menos diez personas mirando incrédulas, y claro, participando. Y de vez en cuando, se escucha a alguien pasar por ahí, gritando desaforado e indignado frases nada sutiles en las que aconseja a la gente que se aleja para no ser estafada. Y en las tiendas, en muchos mostradores colgaron fotos de estos tipos haciendo su jueguito, con la inscripción “No se acerque, es una estafa”. Y para los ginebrinos es como un deber ciudadano el correr la bola de que no hay que detenerse ante este presunto entretenimiento.

Lo que yo no entiendo es cómo, con tanta advertencia propagándose por ahí, cada uno de estos tipos logra tener constantemente una decena de espectadores y/o contribuyentes.

No les digo, la gente pelotuda es un recurso inagotable.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Venimos de Luxemburgo

Ya les conté de cuando con Pelaya fuimos de excursion a la tumba de Patton en Luxemburgo (si no lo recuerdan, acá está). Lo que no les conté todavía es la excursion de vuelta a casa…

Como ya lo indiqué, la brillante idea de hacer tal excursión fue mía, Pelaya es bastante más sabia y coherente, jamás se le ocurriría algo así.

Hete aquí que el paseíto lo hicimos a modo de despedida, justo antes de tomarnos el tren de vuelta. Es decir que el estado en que termináramos dicho paseo iba a ser el estado en que nos dirigiéramos hasta la estación de trenes, y el estado en que viajáramos tres horas en tren, y llegáramos finalmente a casa. Y el estado en que terminamos, lo adivinaron, no fue bueno…

Volviendo al tema aquel de que Pelaya es más sabia y coherente, cabe aclarar que el calzado que ella eligió para caminar horas sobre nieve y barro y bajo lluvia fue un par de botas bastante altas, de material impermeable. El que yo elegí : un par de roñosos y agujereados All Star.

Así que cuando llegamos al tren, violetas del frío, con los mocos colgando, las orejas heladas y los pelos indomables bajo los gorros de lana, yo tenía literalmente un charco en los zapatos. Las medias estaban tan pero tan ensopadas que al caminar sentía chapuzones. Y la verdad es que el frío era tan intenso que no quedaba lugar para formalidades, o sea que una vez instaladas en nuestro vagón y nuestros asientos, no tardé en sacarme los empapados Converse y las medias, para escurrirlas e intentar que mis pies recobraran sensibilidad al no estar más en contacto con agua helada. Pobre Pelaya, sentadita al lado… Pero bueno, no pasaba nada, nadie se iba a dar cuenta, ya estábamos en nuestros lugares, y nos bajábamos recién en la terminal, podíamos estar ahí quietitas, recobrando nuestra temperatura corporal por unas tres horitas. Error. Al ratito llegan dos chicas que se paran al lado de donde estábamos sentadas señalando insistentemente sus pasajes. Yo saqué en seguida los nuestros, para mostrarles que nosotras también, teníamos los asientos 21 y 22 (intentando que no se vieran las medias colgaditas en el calefactor del tren ni mis pies descalzos). Sí, asientos 21 y 22, pero de otro vagón… Así que muertas de risa, de vergüenza, de nervios, y entre gritos de « Tierra trágame » « No podemos ser tan inútiles » « No nos puede pasar esto » « Decíme por favor que nuestro vagón está cerca » tuvimos que ir hasta nuestros verdaderos asientos, con las manos cargadas con los bolsos, las camperas que ya nos habíamos sacado, y por supuesto, mis medias y mis championes. Al llegar, entre risas, nos instalamos donde nos correspondía, mientras nuestros vecinos de vagón miraban incrédulos el estado en que llegábamos. Después de un rato de oírnos hablar español entre nosotras, los dos chicos de enfrente, convencidos que no entendíamos su idioma, se empezaron a decir palabras tiernas y frases de amor. Como por ejemplo « Yo no la quiero dejar a Paulita, lo que estaría genial sería que entendiera que ella me gusta, pero no me llena como vos, y que accediera a dejar que me llenes de vez en cuando los fines de semana… ».

Y ahí no terminó nuestro día, porque en el metro yendo de la estación de tren a casa, nos encontramos con una casi amiga de nuestra madre (en el estado en que estábamos), quien no pareció muy convencida de que viniéramos efectivamente de Luxemburgo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

It's a small world after all

Estuve en París, y le traje de recuerdo a mi tía una colección de postales en las que con letra bien chiquita decía “Made in China”.

Estuve en Ibiza, y le traje de regalo a mi hermano una toalla de playa con una etiquetita que decía “Made in China”.

Y cuando me volví a ir de Uruguay, mi familia me dio una remera con un motivo bien uruguayo para que me llevara de recuerdo, con una inscripción muy parecida, que también decía “Made in China”.

domingo, 17 de octubre de 2010

La pesca ecológica

Sí, sí, hay un tipo de pesca, al que le llaman pesca ecológica.

A los que no estén familiarizados con el término, les explico de qué se trata.

Se trata de un modo de pescar, que consiste en que los amantes de la pesca, sintiéndose culpables por matar a tantos peces sin la capacidad o las ganas de comerlos todos, deciden colaborar con el medio ambiente, las especies en extinción y la ecología mundial, devolviendo rápidamente al agua el pez recién pescado. Muy rápidamente, claro, para que no muera por estar demasiado tiempo fuera del agua. Y por supuesto se aseguran que sus anzuelos estén en impecable estado, porque la infección en la herida que el pez sufriría por un anzuelo oxidado sería letal. Y claro está, al tirar de la caña para alcanzar a agarrar el pez, lo hacen bien suavemente, evitando que el pez viaje a rastras, para que éste no sufra daños golpeándose y rebotando contra la superficie del agua. Y estos seres son tan caritativos que también procuran que la resistencia que el pez impone al ser pescado mientras el pescador intenta desengancharlo del anzuelo sea mínima, porque esa lucha suele provocarle más heridas todavía.

Y bueno, eso de que el pez al ser pescado reciba un anzuelazo en la boca que lo deforma y desfigura, eso de que el tiempo pasado fuera del agua, por más mínimo que sea, siempre lo debilitará, eso de que al ser tomado por las agallas sangre casi inmediatamente porque éstas son muy frágiles, incitando a las demás criaturas marinas a devorarlos, eso de que al estar fuera del agua le aumente la presión en la vejiga natatoria, impidiendo que se pueda hundir… todo eso muchachos, son detalles…

¡Qué grandeza de espíritu, pescadores, habérseles ocurrido la pesca ecológica!

martes, 5 de octubre de 2010

Mejor tiráte a tomar sol...

A mí no me molesta que la gente juegue a la pelota en la playa. Es decir, no me molestaría si no me molestaran. Pero como en mi experiencia, inexorablemente cada vez que alguien se pone a pelotear o paletear cerca de donde yo decidí tomar sol, recibo varios paletazos, resulta que sí, me molesta bastante que la gente juegue a la pelota o a la paleta en la playa.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ibiza

Yo lo repito y lo repito. Que fui a Ibiza reiteradas veces, porque me encanta la playa. Y sigo repitiéndolo. Que es paradisíaco, que el clima es espectacular, el mar hermoso, las vistas increíbles, los mariscos exquisitos, el centro histórico (Patrimonio Universal según la UNESCO) divino. Y cada vez que lo digo, la reacción de mi interlocutor es la misma: petrificación de la mirada, y gesto de sorpresa e incredulidad. Y yo puedo adivinar perfectamente lo que está pensando, porque según el interlocutor, ese pensamiento es siempre una de las dos opciones siguientes:


-“¡Qué desperdicio de Ibiza!”

o

-“¡Esta tiene una doble vida total, y cada vez que se va explota Ibiza!”

martes, 11 de mayo de 2010

Feliz Navidad

No hay nada como las Fiestas en familia…
Yo creo que mis mejores recuerdos son de las Navidades, los Años Nuevos, los Reyes pasados en familia. Uno de los mejores momentos del año, sin lugar a dudas. Sobre todo si uno tiene una familia como la mía. Divertida, imprevisible, insólita, desquiciada y unida.
La última Navidad, por ejemplo, fue única. Un caluroso día de verano, disfrutando del solcito y las delicias de una completa mesa fría… Comentando la potencia de los fuegos artificiales de la noche anterior, agradeciendo los regalos a todos los papás noeles presentes, toreando a los más chiquitos con que el día de Reyes se cancela… Un día único, rodeada de mis seres más queridos y más cercanos: mis hermanos, mis padres, mis tíos, mis tías, mis primos, el hermano de uno de mis tíos, la novia malhumorada de turno del hermano de uno de mis tíos, los tíos de uno de mis tíos que viven en el extranjero y estaban de visita, y el PELUQUERO de esa tía de uno de mis tíos que vive en el extranjero y estaba de visita.
Leyeron bien.
Pero en mi casa, si se ve llegar a alguien que no se reconoce, el día de Navidad, en pleno festejo familiar, se pregunta discretamente a quien se tiene al lado quién es y frente a la respuesta “El peluquero de la Tía Aquilina”, se debe hacer de cuenta que la situación es totalmente normal.

martes, 27 de abril de 2010

True Story

Érase una vez dos chicas que venían caminando bastante apuradas por la calle. Apuradas, estresadas, cansadas y cargadas. Volvían en realidad a su casa después de un laaaargo viaje. Y a cada paso que se acercaban de su casa, la ansiedad por llegar crecía. Tan ensimismadas iban, que no repararon en la señora que venía siguiéndoles. Para hacerse notar, ésta decide gritarles, suplicando que paren. Las chicas, preguntándose de qué se podría tratar, la miraron fijo, esperando explicación. La señora se las dio:
-“¡Ay, es que vengo intentando pasarlas hace un rato largo y van tan rápido que no puedo!”
Las chicas, obviamente, no entendieron la situación, pero a esa altura de su viaje ya entendían muy pocas situaciones en las que se encontraban…

True Story

(Post dedicado a mi compañera oficial de viajes)

miércoles, 31 de marzo de 2010

La vida no es taan corta

Uno siempre está pensando que la vida es muy corta.
Que cómo pasa el tiempo, que parece que fue ayer, que qué rápido crecieron...

Sin embargo cuando te toca pasillo en un avión, con dos pelotudos al lado sumamente
movedizos que saltan arriba tuyo para ir al baño, y en todos los asientos de alrededor, adelante, atrás, izquierda, derecha, tenés a los miembros de un equipo muy engreído de papy fútbol haciendo su espectáculo de vuelta a los 15, y vos lo único que querés es concentrarte lo suficiente para pasar a la segunda página de tu libro, te aseguro que la vida se te hace de repente muy, muuuuuuy larga.

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Buscando tu vagón?

¿Cómo se llama cuando pagás el doble para que tu pasaje de tren sea de primera clase, y cuando llega el día, y subís al tren, te das cuenta de que los asientos son todos iguales, la cantidad de asientos por vagón es siempre la misma, y la única diferencia entre primera clase y segunda clase es el malhumor de ese señor que lee el diario hablando sólo, ése mismo al que justo le tocó sentarse al lado tuyo? Bueno, eso se llama “Te Cagaron”.

jueves, 18 de marzo de 2010

A explotar...

Yo conocí a alguien tan pero tan pancho, que cuando fue a visitar un castillo muy turístico y lo recibieron varios policías y bomberos diciéndole que estaba cerrado por el día, para que ellos desarmaran una bomba que había aparecido en el lugar, en vez de decirse « uy yo de acá me rajo » se dijo « la concha del tero! Yo quería ver el castillo. Yo me quedo por la vuelta por si terminan pronto con eso y vuelven a abrir... ».

domingo, 10 de enero de 2010

Verano en Punta

Toda persona que veranee en Punta del Este estructuralmente, o haya veraneado en Punta del Este circunstancialmente, sabe que en ese balneario existe un verbo, tan exclusivo que sólo se puede usar en esa parte del mundo. Exactamente, el verbo “gorlerear”. Nos podemos hacer los desentendidos, podemos intentar hacer de cuenta que no, no hemos gorlereado en la vida, que siempre estuvimos por encima de ese tipo de plan. Podemos, pero nadie nos creería, porque en el fondo todos sabemos, y de sobra, que cada ser que pasó por la Península pasó en algún momento por la etapa del gorlereo. Yo lo reconozco, orgullosa de mi pasado: yo gorlereé. Y gorlereé feliz. Sin embargo hoy, bastantes años después, intento recordar, y no me explico… Y me pregunto ¿Qué mierda quiere decir gorlerear?
En serio, uno se para en la calle Gorlero, junto a algunos compañeros de banda, y ¿qué hace?
Yo no me acuerdo lo que yo hacía, porque se ve que no era nada muy trascendente, pero hoy por hoy, cada vez que tengo que salir a hacer algún mandado de noche, a esa hora que es un poco tarde como para que los púberes se sientan adolescentes pero no tan tarde como para que sus padres prohíban el plan, encuentro la calle plagada, en todas sus esquinas, tiendas y restaurantes, de grupos de chiquillos. Y esa pregunta no deja de surgir… En serio, ¿qué mierda hacen? Se lo pregunté a mi hermano, que está justo en la edad pico del gorlereo, y no supo explicarlo muy claramente, pero por lo que entendí, básicamente, quedan en juntarse todos en un punto, entonces en ese punto están un rato largo, hasta que incluso los más demorones llegaron. Luego, (como todos ya cenaron, porque encontrarse a la hora de cenar sería demasiado temprano) lo que les queda es tomar un helado. Entonces se dirigen hacia alguna de todas las heladerías que la calle ofrece. Hacen una hora de fila por el heladito. Y piden todos un heladito, todos menos uno, porque ese uno quería el heladito de la otra heladería. Entonces van para la otra heladería, y hacen otra hora de fila. Y después, caminan hasta la punta de Gorlero, y cuando llegan, dan vuelta y caminan hacia la otra punta. Y si no tienen nada de qué hablar, entran en la feria de artesanías, por inercia nomás, porque saben de antemano que nadie comprará nada. Pobres púberes, qué van a comprar si una pulserita te la cobran 50 dólares, y todavía eso, ¡los precios se los dan en dólares! Y mientras hacen el cálculo de conversión, se dan cuenta que es la hora que quedaron en encontrarse con los padres para que los llevaran de vuelta a casa.
Y yo escucho a mi hermano… Y yo me pregunto… ¿Esto hacía yo en mis noches esteñas de preadolescente?

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El que mete panza...

De repente me puse a pensar y me di cuenta que dentro de muy poco tiempo me voy a tener que poner el maldito bikini… Publicar mis carnes por todo el balneario… Entonces me dije que me tengo que poner las pilas y cuidar un poco la línea: me compré una de esas sopas prehechas y me propuse que esa sería mi cena. Fue como si me hubiera hecho una broma a mí misma. Terminé el bowl y me empecé a reír. ¿Cómo se me ocurrió que iba a funcionar? Cuando pude parar de reírme agarré el teléfono y me encargué una pizza.
¡Una cosa que odio es eso de encontrarse con mil personas conocidas en la playa!

jueves, 24 de septiembre de 2009

Despegue y aterrizaje

Una cosa que me crispa es el embole que uno se tiene que comer durante el despegue y el aterrizaje al viajar en avión. Por eso de que no se permiten aparatos eléctricos, quiero decir. Cabe destacar que por despegue y aterrizaje no se entienden los cinco minutos que dura la operación, sino la media hora que los precede y sucede. Y durante ese tiempo te quedas ahí, viendo el vacío, pensando en todas esas canciones que le cargaste al Ipod el día anterior esperando ser escuchadas…
Y claro, mientras vos te preguntás qué tendrá que ver tu Mp3 con el funcionamiento del avión y te decís que algo importante debe ser, y que preferís que se tomen mediadas de seguridad a dejarlo a la suerte… te das cuenta que el chico sentado unas filas más adelante, a la izquierda, disimuladamente, cuando la azafata terminó su control, se pone muy tranquilos sus audífonos y agita la cabeza al ritmo de los Rolling !!!