Rollerskating in the same place other people choose to play football… Not such a good idea.
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domingo, 26 de febrero de 2012
Note to self…
Note to self…
Rollerskating in the same place other people choose to play football… Not such a good idea.
Rollerskating in the same place other people choose to play football… Not such a good idea.
sábado, 25 de febrero de 2012
15 minutos de tolerancia… ¿15?
A vos no te gusta esperar… Mirá vos… Bueno, sabés qué… Pongamos las cosas de otra manera. Mirálo desde esta perspectiva: por cada vez que vos no tuviste que esperar en estos últimos no sé cuántos años, yo te esperé entre 45 minutos y una hora y media. Creo que una vez que pierdo el bus, se me puede perdonar...
sábado, 5 de noviembre de 2011
Qué atrevimiento...
Estoy en estado de shock. No lo puedo creer. Estoy anonadada. Creo que estoy sufriendo de post traumatic stress disorder. No sé cómo lo voy a superar…
Esta mañana, en el ómnibus, camino al trabajo,… Ay, no sé si tengo las fuerzas para contarlo. Es como revivir ese fatídico momento… Tengo que ser fuerte, si no lo saco de adentro nunca podré salir adelante.
Bueno, esta mañana, en el ómnibus, camino al trabajo, había una madre, con su hija. Una niña muy adorable y muy chiquita, en su cochecito. Estaba en esa edad en que los niños son sumamente charlatanes porque hace poco empezaron a hablar entonces quieren expresar todo lo que puedan. Totalmente comestible, fue todo el viaje preguntándole cosas a su madre, quien pacientemente le iba aclarando cada una de sus dudas.
“Sí, mi amor, la puerta se abre y la gente baja”
“Sí, princesita, él está escuchando música”
“Sí, corazón, en la vereda hay un perro”
“Sí, mi vida, vamos a visitar a la abuela”
¿Señora? ¿¿¿Señora??? ¿Señora yo?
Señora a mí… A mí, que tengo 23 años. ¡23! Casi casi que se podría decir que soy una quinceañera.
¡Cómo se atreve!
¡Señora será usted!
Esta mañana, en el ómnibus, camino al trabajo,… Ay, no sé si tengo las fuerzas para contarlo. Es como revivir ese fatídico momento… Tengo que ser fuerte, si no lo saco de adentro nunca podré salir adelante.
Bueno, esta mañana, en el ómnibus, camino al trabajo, había una madre, con su hija. Una niña muy adorable y muy chiquita, en su cochecito. Estaba en esa edad en que los niños son sumamente charlatanes porque hace poco empezaron a hablar entonces quieren expresar todo lo que puedan. Totalmente comestible, fue todo el viaje preguntándole cosas a su madre, quien pacientemente le iba aclarando cada una de sus dudas.
“Sí, mi amor, la puerta se abre y la gente baja”
“Sí, princesita, él está escuchando música”
“Sí, corazón, en la vereda hay un perro”
“Sí, mi vida, vamos a visitar a la abuela”
Hasta que lo dijo. Eso. La niña me había señalado a mí por alguna razón, y yo, totalmente derretida, le había sonreído. Y la madre comentó:
“Decíle chau a la señora que nos bajamos”¿Señora? ¿¿¿Señora??? ¿Señora yo?
Señora a mí… A mí, que tengo 23 años. ¡23! Casi casi que se podría decir que soy una quinceañera.
¡Cómo se atreve!
¡Señora será usted!
lunes, 24 de octubre de 2011
Pimp my ride
¿Vieron esos lugares que en la entrada tienen un mostrador de “Lost and Found”? Bueno, el supermercado de la esquina de mi casa es así, a la entrada tiene un mostrador detrás del cual hay un placard con puertas de vidrio y cerrado con llave en el que se exponen todas las cosas que la gente ha ido perdiendo y olvidando en las tenebrosas góndolas del comercio. Ya sé, muy chic, muy glamour, muy de película estadounidense, y sobre todo, muy gracioso. Pero lo que les quiero contar es que el otro día mientras hacía la fila para pagar mis artículos (todos muy sanos, claro está), me puse a observar lo que había en ese placard de “Lost and Found”. Y me quedé anonadada. Entre muchas cosas no muy interesantes, había tres monopatines. Sí. Un, dos, tres. Tres monopatines.
¿Cómo hace alguien para llegar a un lugar en monopatín e irse caminando? En serio. ¿Cómo? Y peor aún… ¿Cómo hacen tres personas juntas para llegar en monopatín e irse caminando? ¿Ninguna de las tres fue capaz de acordarse de que a la ida no venía apoyando los pies en el asfalto? Porque no me van a decir que fueron tres olvidos separados, independientes. Eso sí que sería demasiado. Que tres personas diferentes, sin ninguna relación, se hayan encontrado, en tres ocasiones diferentes, en la insólita situación de ir a hacer las compras en monopatín y volver a pie. Sería muy fuerte. Y si uno es muy muy cínico y tiene muy muy poca fe en el ser humano puede decir que hay una tercera opción… Que sea la misma persona, que en tres ocasiones diferentes haya olvidado su monopatín en el supermercado de la esquina de mi casa. “Uy, no sabés, otra vez me tengo que comprar un monopatín porque volví a perderlo. Ya no sé ni dónde tengo la cabeza.”
¿Cómo hace alguien para llegar a un lugar en monopatín e irse caminando? En serio. ¿Cómo? Y peor aún… ¿Cómo hacen tres personas juntas para llegar en monopatín e irse caminando? ¿Ninguna de las tres fue capaz de acordarse de que a la ida no venía apoyando los pies en el asfalto? Porque no me van a decir que fueron tres olvidos separados, independientes. Eso sí que sería demasiado. Que tres personas diferentes, sin ninguna relación, se hayan encontrado, en tres ocasiones diferentes, en la insólita situación de ir a hacer las compras en monopatín y volver a pie. Sería muy fuerte. Y si uno es muy muy cínico y tiene muy muy poca fe en el ser humano puede decir que hay una tercera opción… Que sea la misma persona, que en tres ocasiones diferentes haya olvidado su monopatín en el supermercado de la esquina de mi casa. “Uy, no sabés, otra vez me tengo que comprar un monopatín porque volví a perderlo. Ya no sé ni dónde tengo la cabeza.”
viernes, 31 de diciembre de 2010
Viajar en tren...
Cuento esta historia porque me divierte mucho reírme de mí misma, nomás.
Iba yo viajando tranquilamente en tren hacia el sur, cuando, como corresponde, me da hambre. Por supuesto, había llegado corriendo a la estación, sin tiempo para comprar nada, así que me resigné a dirigirme hacia el vagón-cafetería, donde cada producto cuesta tres veces su precio de mercado. Pero cuando llego, descubro que la fila era demasiado larga, y yo estaba dispuesta a pagar un dineral por una barra de chocolate, pero no a esperar media hora parada por obtenerla. Decidí ir al baño en ese vagón, y después volver al mío. Al rato, cómoda en mi asiento mientras dormitaba, oigo un comunicado del conductor “Estimados pasajeros, su atención por favor. Alguien olvidó su celular en el baño del vagón-cafetería. Por favor, que el dueño se presente ante el controlador para recuperarlo”. Mis ojos se abrieron inmediatamente y salté de mi asiento como impulsada por un resorte, porque sabía que era mi celular. Sólo que al pararme tan repentinamente, quedó claro para todos que era yo la pelotuda que andaba dejando sus pertenencias en el baño. Y lo quise disimular, haciendo de cuenta que me paraba para recuperar mi bufanda y mi campera. Me las puse, e hice un poco de tiempo, y después sí, me encaminé hacia el vagón del controlador, quien me preguntó de qué marca era mi celular, para asegurarse que no mentía. Por supuesto, me había olvidado de la marca, o quizá nunca la supe siquiera… Entonces intenté describirlo… “Es negro, con pantalla,…” ¡Yo qué sé cómo describir un celular! Creo que me lo devolvió por piedad nomás…
sábado, 11 de diciembre de 2010
Ahhhhhhhhhhhhhhhhh
Mi padre es tan tierno tan tierno, que tomó doce años convencerlo de que tenía que cambiar el auto que ya tenía doce años. Y es tan tierno tan tierno, que cuando para entregarlo para recibir el nuevo tuvo que lavarlo, lo lavó como nunca antes. Y es tan tierno tan tierno, que cuando lo vio así, reluciente, le dio pena cambiarlo así por uno más nuevo, así que hubo que empezar de nuevo el proceso de convencerlo.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Qué HDP
En la estación de metro cerca de casa, a la que voy todos los días, varias veces por día, a tomar el metro, la escalera mecánica no anda. Desde hace ya varias semanas. Y esa escalera mecánica es el único modo de acceder a las vías para tomar el metro, es decir, no hay una escalera normal y tampoco hay ascensor. O sea que desde hace varias semanas, toda la gente que tiene que tomar el metro en esa estación maldice su suerte cada día ya que debe subir los altos e incómodos escalones de la escalera mecánica apagada. Y yo desde hace varias semanas me imagino que en algún lugar de París hay alguien riéndose para sus adentros al imaginar el esfuerzo físico que hacemos todos al subir una escalera mecánica apagada. Es que verán, para mí, la razón por la cual la escalera está apagada es que ese alguien apretó el botón “Stop” del costadito de la escalera. Sencillamente.
viernes, 15 de octubre de 2010
Yo nunca
Yo nunca dije « Ay ay… te dejo que estoy en el metro y no escucho nada, hay un ruido horrible » sentada tranquilita en el sillón de casa…
miércoles, 19 de mayo de 2010
Duda calamarística
Yo tengo una duda existencial, desde hace algún tiempo ya…
¿A quién se le ocurre ir a volar con Andrés con un sólo paracaídas ?
¿A quién se le ocurre ir a volar con Andrés con un sólo paracaídas ?
martes, 18 de mayo de 2010
Trenes
Esta anécdota corresponde a un viaje que con Pelaya hicimos hace bastante tiempo… Creo que incluso fue nuestro primer viaje solas y durante varios días afuera del país.
Y bueno, resulta que en nuestro destino turístico, para conocer también las ciudades cercanas, quisimos tomar un tren. Hoy por hoy, las dos ya hemos tomado infinitos trenes, de todas clases, tipos, velocidades y categorías. Pero en aquel entonces, habiendo crecido en un país de distancias chicas y sin trenes de pasajeros, nuestra cultura ferroviaria se limitaba a referencias en películas o libros. (Estoy tratando de justificarme para lo que van a leer en unas líneas). Salimos a buscar la estación, y como se nos dificultó el proceso de orientación, paramos a preguntarle a alguien dónde se encontraba… El afortunado nos señaló la construcción que estaba justo adelante nuestro. Yo no sé cómo me habría imaginado que serían las estaciones de trenes, pero seguro no era como la que estaba viendo, porque mi respuesta fue :
-« Ah… Y los trenes, ¿dónde están ? »
A lo que la persona respondió, pacientemente, que estaban adentro, y que las vías estaban del otro lado, dirigiéndose a las afueras de la ciudad…
Y de esa manera le regalé a mi Pelaya querida una oportunidad única de burlarse de mí for ever and ever…
Y bueno, resulta que en nuestro destino turístico, para conocer también las ciudades cercanas, quisimos tomar un tren. Hoy por hoy, las dos ya hemos tomado infinitos trenes, de todas clases, tipos, velocidades y categorías. Pero en aquel entonces, habiendo crecido en un país de distancias chicas y sin trenes de pasajeros, nuestra cultura ferroviaria se limitaba a referencias en películas o libros. (Estoy tratando de justificarme para lo que van a leer en unas líneas). Salimos a buscar la estación, y como se nos dificultó el proceso de orientación, paramos a preguntarle a alguien dónde se encontraba… El afortunado nos señaló la construcción que estaba justo adelante nuestro. Yo no sé cómo me habría imaginado que serían las estaciones de trenes, pero seguro no era como la que estaba viendo, porque mi respuesta fue :
-« Ah… Y los trenes, ¿dónde están ? »
A lo que la persona respondió, pacientemente, que estaban adentro, y que las vías estaban del otro lado, dirigiéndose a las afueras de la ciudad…
Y de esa manera le regalé a mi Pelaya querida una oportunidad única de burlarse de mí for ever and ever…
miércoles, 31 de marzo de 2010
La vida no es taan corta
Uno siempre está pensando que la vida es muy corta.
Que cómo pasa el tiempo, que parece que fue ayer, que qué rápido crecieron...
Sin embargo cuando te toca pasillo en un avión, con dos pelotudos al lado sumamente
movedizos que saltan arriba tuyo para ir al baño, y en todos los asientos de alrededor, adelante, atrás, izquierda, derecha, tenés a los miembros de un equipo muy engreído de papy fútbol haciendo su espectáculo de vuelta a los 15, y vos lo único que querés es concentrarte lo suficiente para pasar a la segunda página de tu libro, te aseguro que la vida se te hace de repente muy, muuuuuuy larga.
Que cómo pasa el tiempo, que parece que fue ayer, que qué rápido crecieron...
Sin embargo cuando te toca pasillo en un avión, con dos pelotudos al lado sumamente
movedizos que saltan arriba tuyo para ir al baño, y en todos los asientos de alrededor, adelante, atrás, izquierda, derecha, tenés a los miembros de un equipo muy engreído de papy fútbol haciendo su espectáculo de vuelta a los 15, y vos lo único que querés es concentrarte lo suficiente para pasar a la segunda página de tu libro, te aseguro que la vida se te hace de repente muy, muuuuuuy larga.
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Viajes con Pelaya
miércoles, 24 de marzo de 2010
¿Buscando tu vagón?
¿Cómo se llama cuando pagás el doble para que tu pasaje de tren sea de primera clase, y cuando llega el día, y subís al tren, te das cuenta de que los asientos son todos iguales, la cantidad de asientos por vagón es siempre la misma, y la única diferencia entre primera clase y segunda clase es el malhumor de ese señor que lee el diario hablando sólo, ése mismo al que justo le tocó sentarse al lado tuyo? Bueno, eso se llama “Te Cagaron”.
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Viajes con Pelaya
lunes, 22 de marzo de 2010
¿Y ahora qué hago?
Lo que está buenísimo en esas grandes avenidas con dos semáforos es que los dos estén coordinados, ¿no?, porque eso de quedarte parada en el canterito entre los autos que van y los que vienen no es tan divertido…
jueves, 15 de octubre de 2009
Acá me bajo yo
Yo viajaba muy tranquila en el colectivo, cansada, aburrida y con la cabeza contra la ventana, cuando de pronto oigo que una señora, muy perdida, pobre, le pregunta al chofer dónde bajar para llegar adonde quería ir… El chofer, aproximadamente gentilmente contestó que no tenía idea, pero otra señora, con una vida propia muy poco entretenida, por lo visto, entró en la conversación:
-“Te tenés que bajar ahora, en la próxima”
Pero ella no era la única persona en ese momento en el colectivo con escasa vida personal: también había un señor, sentado en las filas centrales, que no pudo contenerse:
-“No, no, para llegar ahí te tenés que bajar en la esquina entre…”
Y ahí arrancó la discusión de dónde habría de bajar la pobre señora, discusión a la que se fueron incorporando poco a poco más interlocutores. Y la señora seguía la discusión con la vista, intentando acertar a quién hacerle caso… Y su cara denotaba un claro desconcierto, sobre todo porque si la primer señora que intervino tenía razón, se tendría que haber bajado seis paradas atrás…
¡ Qué cosa que odio quedarme sin baterías en el Ipod cuando tengo que viajar en colectivo!
-“Te tenés que bajar ahora, en la próxima”
Pero ella no era la única persona en ese momento en el colectivo con escasa vida personal: también había un señor, sentado en las filas centrales, que no pudo contenerse:
-“No, no, para llegar ahí te tenés que bajar en la esquina entre…”
Y ahí arrancó la discusión de dónde habría de bajar la pobre señora, discusión a la que se fueron incorporando poco a poco más interlocutores. Y la señora seguía la discusión con la vista, intentando acertar a quién hacerle caso… Y su cara denotaba un claro desconcierto, sobre todo porque si la primer señora que intervino tenía razón, se tendría que haber bajado seis paradas atrás…
¡ Qué cosa que odio quedarme sin baterías en el Ipod cuando tengo que viajar en colectivo!
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