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domingo, 30 de octubre de 2011

Sexo, droga y rock and roll!

Sólo que en vez de sexo, mirar la tele.
Y en vez de droga, helado con salsa de chocolate.
Y en vez de rock and roll, pop-rock latino.

I know, very very sad…

viernes, 4 de marzo de 2011

Es para vos

Cuando suena el teléfono en mi casa, yo ya sé quién es. Es mi madre. Y cuando uno corre a atender el teléfono sabiendo quién es, no corre a atender el teléfono igual que si no supiera quién es.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Recuerdos de una niñez particular

Cuando yo era chiquita, mi madre se hacía la manicura con Tere, siempre con Tere, la misma Tere que ahora que ya no soy chiquita le sigue haciendo la manicura a mi madre. Y desde que soy chiquita, mi madre y Tere charlan mientras tanto. De todos los temas habidos y por haber. Un día, cuando yo tendría alrededor de cuatro años, mi madre, con las manos en sus respectivos tachitos con agua, me preguntó delante de Tere “No te gustaría ser manicura?”. No me pregunten de qué podrían estar hablando Tere y mi madre que desembocara en tal pregunta, ni por qué a mi madre se le ocurrió hacérmela a mí, tan sólo una niña, ni cuál sería la respuesta que pretendía recibir. Lo único que sé es que yo, que si hoy soy tajante y descontrolada al hablar imagínense como sería a los cuatro años de edad, contesté “No”. Cuando Tere se fue me rezongaron. Y no entendí por qué.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Medias

Tengo otra confesión que hacer…

A mí a veces me pasa que durmiendo se me pierde una media entre las sábanas, o se me cae por el huequito entre la cama y la pared. Y cuando eso sucede, yo tengo una solución genial: en vez de pasar horas buscándola, me saco la otra y la tiro también para atrás de la cama, o la dejo entre las sábanas, y me digo que por lo menos para cuando me dé la paciencia para ponerme a buscar, van a estar las dos juntas….

sábado, 30 de octubre de 2010

Canciones

A mi hermana no le gusta mostrarme la música que le gusta. Es que si ella descubre una canción que le gusta, lo más probable es que a mí también me guste. Y cuando a mí una canción me gusta, la escucho, la escucho, la escucho. Una y otra vez. Sin parar. Me vuelvo adicta. Y eso hace que a mi hermana, esa canción inicialmente genial, la canse, la agote, la agobie. Y en cuestión de pocos días, termina odiándola. Así le arruiné varias de sus canciones preferidas…

viernes, 22 de octubre de 2010

¿Tenés fuego?

Hay algunos padres que de pronto un día descubren que su hijo fuma. Y yo me dirijo a ellos.


Señores, es muy posible que su hijo sea de esos que empezaron a fumar desde su más temprana pubertad. Y probablemente, él ni siquiera haya hecho mucho por ocultarlo, pero ustedes pasaron por alto todas las pistas que se les presentaron. Por ejemplo, cada vez que su hijo decía “me voy a caminar media cuadra” no iba a caminar media cuadra sin nada en la mano… iba a caminar media cuadra con un cigarrillo en la mano. Cada vez que su hijo ponía a lavar toda la ropa porque apestaba a cigarrillo alegando que “había un montón de gente fumando anoche en el bar y se me impregnó” el que fumaba era él, y no en el interior del bar, sino en la puerta, del lado de afuera, porque hace ya varios años que se prohibió fumar en lugares públicos. Cada vez que ustedes, queriendo poner agua a calentar para un mate o un café, se preguntaban a dónde habrían ido a parar todos los encendedores y fósforos de la cocina, hubiera sido más lógico responderse que al bolsillo de la mochila de su hijo, en vez de convencerse que la empleada se los robaba.

...

martes, 12 de octubre de 2010

??

Tire y empuje. Son dos opciones. Sólo dos. Entonces…¿¿Cómo hago para abrir las puertas recién al tercer intento??

sábado, 19 de junio de 2010

Caicai

Yo no lloro.
Cuando descubrimos que nuestra casa había sido desvalijada, no lloré.
Cuando terminé la facultad y cerré esa etapa de estudiante, no lloré.
Cuando me despedí de mi hermana después de pasar juntas un mes increíble, no lloré.
Cuando dejé a mi ahijado en el aeropuerto sin saber cuándo lo volvería a ver, no lloré.
Cuando me enteré que mi primo estaba internado, no lloré.

Pero la caicai no entraba en la valija. Y yo sabía que no podría aguantar tres meses sin ella. Así que no tuve más remedio que cortarle una esquina para traerla conmigo.
Y cuando tuve que cortar la caicai, mi caicai compañera de 20 años, mi relación estable, mi ventana a la infancia más feliz del mundo, el objeto de mi afecto que tantas burlas me valió y tan reiteradas…
Cuando tuve que cortar mi caicai, ahí sí, lloré.

domingo, 9 de mayo de 2010

¿Te acordás de Dorota?

Otra de nuestras conversaciones telefónicas (adivinen con quién) :
-“Ah, y no sabés lo que me olvidé de contarte… Dorota se muda acá, a dos cuadras… ¿Te acordás de Dorota? Éramos muy amigas de jóvenes, cuando ustedes eran chiquitos la veíamos seguido, ahora hace unos años que nos vemos menos, pero yo la verdad que guardo un muy buen recuerdo, éramos tan amigas… Y es una alegría, porque teniéndola acá, a una cuadra nomás, puede pasar por casa cuando quiera, nos podemos empezar a juntar de nuevo… Ya les conté a tus tías, y ellas se acuerdan perfecto… Además no sabés qué gracioso, parece que la inmobiliaria que le vendió la casa es de Pichicha, ¿te acordás? Bueno, no, qué te vas a acordar, era una vecina nuestra de la juventud. Y parece que a Dorota lo que más le gustaba de la casa era que iba a estar cerca de mí… Tiene razón, te imaginás, después de tanto tiempo estar a media cuadra nomás… Nos vamos a ver más seguido."

¿Alguien entendió a cuánto queda la casa de Dorota?

miércoles, 7 de abril de 2010

Aló

Yo siempre cuando corto el teléfono digo
-“Bueno, te dejo, un beso, chaaaau”
Pero en realidad, lo que estoy pensando para mis adentros es:
-“Bueno, te dejo porque quiero tirar la cisterna sin que te des cuenta, un beso, chaaaau”

sábado, 20 de marzo de 2010

Yo nunca...

Yo nunca fui en el ascensor emabaladísima cantando "No la dejes ir, no la dejes ir, Porque te lo digo yo, Quién es Violeta, Que se lleva mi corazón" con los auriculares puestos, bien cerquita del espejo, apretándome granos, cuando las puertas se abrían para dejar entrar al vecino del 5°...

viernes, 11 de diciembre de 2009

Al son de Sabina

Llegué al apartamento muerta de hambre (como de costumbre). Puse agua a hervir, para hacerme una pasta, lo único que tenía (porque al irme a vivir sola descubrí que eso de que la heladera estuviera siempre llena no era magia, sino mi padre yendo al supermercado), y me senté a mirar el agua hervir, como si mi fijación la fuera a apurar. Prendí la música, Joaquinito, por supuesto. Y entonces me acordé de las barritas Magnum que tenía en el congelador, y me agarré una mientras se hiciera la pasta. Pero de pronto me vi la pierna, y recordé que en unos días habría de exponerla en la playa, así que fui a buscar la cera (con la Magnum en mano) para depilarme y la puse en el micro a derretir. Quise correr unas hojas que tenía en la mesa, y me corté con el papel. Uno de esos cortes con sangre y todo. Así que corriendo al baño a buscar una curita (de esas que tienen dibujitos de Disney, obvio, que cuestan el doble de las comunes pero no importa porque garantizan eterna juventud).
¿Alguna vez intentaron ponerse una curita en un dedo mientras sostenían una barrita Magnum, intentaban apagar la hornalla porque el agua hirviendo se desbordaba, apagaban el microondas porque la cera se chorreaba, rasqueteaban la cera de las paredes de dicho artefacto porque sabían que una vez fría sería imposible e intentaban pasar a la siguiente canción del disco de mi Sabina querido porque la que estaba puesta empezó a saltar?
Se imaginan dónde terminó la curita…

sábado, 14 de noviembre de 2009

¿A qué piso?

A través de los olores del ascensor uno descubre todo sobre la vida de sus vecinos. Y eso resulta bastante irritante, sobre todo cuando te invade ese olor a cigarrillo impresionante y deducís que uno de tus vecinos es un fumador excesivamente compulsivo porque o fuma hasta en el ascensor, o tiene un olor tan fuerte impregnado en su ser que va dejándolo por donde pasa. O cuando sentís ese aroma molesto y penetrante del perfume floral usado en demasía, y te decís que probablemente haya sido la vieja del quinto, la más propensa a usar ese tipo de fragancias y en demasía. Lo peor es cuando sentís ese olor a pizza recién hechita y llegás a la conclusión que los chicos de abajo encargaron a la pizzería de la esquina, y tu estómago te maldice porque no tenés ni idea de qué enontrarás para cocinar en tu apartamento…

martes, 10 de noviembre de 2009

¿Qué vamos a comer?

Cuando mi papá cocina, yo lo disfruto. Mis hermanos disfrutan. Todos disfrutamos. Cuando mi papá cocina, él se pone creativo, riguroso, organizado y meticuloso. Primero piensa en los ingredientes que precisará, en los que hay en la alacena, y en los que recientemente se acabaron y hay que reponer, y recuerda todo eso a la hora de hacer las compras. Y entonces, cuando se dispone a cocinar, está seguro de tener todo lo necesario. A veces hace el proceso inverso, es decir, a partir de los ingredientes disponibles descifra qué puede cocinar. Su creatividad se lo permite. Una vez superada esa etapa, se encierra en la cocina. Y nadie sabe qué pasa ahí, y a nadie le importa en realidad. Lo único que nos preocupa es el resultado. Nosotros seguimos con nuestras rutinas mientras esperamos, y de vez en cuando lo oímos tararear, o cantar, o comentarse algo a sí mismo. Y al rato aparece con la fuente, la pone en el centro de la mesa, nos sentamos cada uno en su lugar y nos sirve. Y somos felices. Y si se le quemó o se le pasó un poco, él se sirve la parte quemada o pasada.

Cuando mi mamá cocina, mi mamá lo disfruta. Nosotros temblamos. Primero, nos pregunta de qué tenemos antojo, porque nos quiere complacer. Eso la hace sentir bien. Entonces nosotros pensamos y pensamos y pensamos cuál sería el plato más simple que le podríamos pedir. Qué comida nos acarrearía menor cantidad de problemas. Qué elección haría de nuestras próximas horas de vida lo menos ajetreadas posible. Tomamos en cuenta todos los factores: ingredientes requeridos, ingredientes disponibles en casa, modo de cocción, vajilla y utensilios que habrá que ensuciar (y lavar), tiempo de cocción… Hasta que le damos la respuesta final. Entonces, mi mamá va a la cocina. Toma el recetario. Busca en el índice. Mira la receta. A modo de apoyo, nomás, claro, porque es algo que ella ya sabe cocinar. Y ahí empieza la historia.
-“No entiendo por qué siempre usan tanta manteca en estas recetas. Voy a poner la mitad de la manteca que piden y el resto de aceite. Y en vez de tanta agua un poco de leche. ¿Tres huevos? Ah no, voy a usar sólo dos. Y un poco más de polvo de hornear, si no no crece nada.”
-“Oliiiiiiiiiivia… ¿No me buscás las cacerolas del juego aquel rojizo?”
-“Ponéme en este recipiente dos tazas de harina… ¿Cómo que no hay más harina? No se puede creer. ¡Te das cuenta que tu padre me hace siempre lo mismo! Se le ocurre cocinar, viene se acaba todos los ingredientes y no me avisa. ¿Yo cómo sé qué hay que reponer si no me dice? Andá, pedíle a tu hermana que vaya al súper. Y que se apure.”
-“¿No me enaceitás la fuente?”
-“¿Cómo que precalentar el horno media hora? Ah no, yo lo pongo ahora y que se vaya calentando con esto adentro.”
-“Olivia vayan poniendo la mesa con tu hermana que en cualquier momento va a estar.”
-“¿Qué están comiendo? ¿De dónde sacaron esos bizcochos? ¡Tu padre está decidido a arruinarme la vida! Se le ocurre comprar bizcochos justo el día que yo les quiero hacer algo rico. Me pasé toda la mañana encerrada en la cocina para que ustedes cuando esté pronto no tengan más hambre. ¡No se paran de la mesa hasta que se coman todo!”
-“Bueno, ya lo puse en el horno, ¿no te quedás acá cerca vigilando que no se pase mientras voy a aprovechar el solcito afuera?”

Y al rato mi padre aparece con la fuente, porque vino a remplazarme en la cocina, la pone en el centro de la mesa, nos sentamos cada uno en su lugar y nos sirve. Y él es feliz. No sé cómo hace, pero siempre es feliz. El resto estamos de malhumor. Y si se quemó o se pasó un poco, él se sirve la parte quemada o pasada.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Con esto te digo todo

Aunque parezca mentira, hay gente que te llama a tu casa, al teléfono fijo, y pregunta “¿Dónde estás?”
Say no more

sábado, 24 de octubre de 2009

¿¿Mi casa es tu casa??

¿Quién inventó eso de que “Mi casa es tu casa”?
Un tipo garronero, desubicado, y muy propenso a aburrirse sólo, seguro…
Porque quiero decir, yo tengo familia y amigos, que significan todo para mí, para los que mi casa es su casa, todo lo que tengo es para ellos y si me piden un riñón les daré dos.
Pero si sos un simple conocido, seriously, ¿qué esperabas?
No, no...
¡¡no te pongas cómodo que mi casa es mi casa!!

lunes, 19 de octubre de 2009

Dos y dos son cuatro

Yo me puse a hacer cálculos… En mi casa, los únicos que tomamos agua sin gas somos mi hermano y yo. Y hay sólo una botella de agua sin gas en la heladera porque a mi madre no le gusta atiborrar los estantes. Y esa botella es sumamente paqueta, decorada y todo, divina, pero sólo contiene tres cuartos de litro. Y generalmente aconsejan tomar dos litros de agua por día. Y mi hermano toma toma toma, pero es incapaz de rellenar la botella (tengo fuertes sospechas de que no sepa dónde está la canilla siquiera). Y el resto de la familia, que se supone prefiere la soda, si abre la heladera y es más fácil de acceder a dicha botella, no lo duda. Resultado final: ¡yo relleno la botella un promedio de cinco veces al día! (y la cantidad de agua fresca que tomo al día tiende a cero)

domingo, 18 de octubre de 2009

¿Dónde lo metí?

Hay algo que me resulta particularmente estresante: No acordarme de dónde metí algo, pero sí acordarme perfectamente del momento en que me dije “Esto lo tengo que guardar en algún lugar seguro, no sea cosa que lo pierda” o “Esto lo tengo que dejar medio a mano que ya lo voy a volver a usar”. Y ustedes pensarán que por todo lo que cuento he de ser muuuy lela, pero vamos, admitámoslo, ¡a todos nos sucede más seguido de lo que nos gustaría!

sábado, 17 de octubre de 2009

Podría

Se me podría haber perdido el Mp3… O me lo podrían haber robado, o me lo podría haber olvidado en algún lugar. Pero no, lo que se me perdió fue el cargador, cuestión de que el Mp3 quede ahí, en la mesita, desde donde me puede mirar, burlón, como diciendo, “Sí sí, acá estoy, pero no me podés usar. Andá nomás al gimnasio sin mí, tomáte el colectivo sin mí…”

Se me podría haber perdido una de las llaves del candado, como para poder usarlo con la otra, porque viste que los candados por lo general traen dos llavecitas. Pues no, lo que se me perdió fue el candado, o sea que ahora me clavé con las llavecitas colgando molestamente del llavero, que no puedo tirar por si al candado se le ocurre reaparecer…

Me podría haber olvidado de la contraseña, así por lo menos cliqueaba en la salvadora opción “Se me ha olvidado mi contraseña” y respondiendo a esas preguntas del estilo “¿Cuál es tu restaurante favorito? ¿Cuál era el nombre de tu primer mascota? ¿Cómo se llamaba tu maestra de tercer grado?” conseguía una nueva. Pero no, de lo que me tuve que olvidar fue del nombre de usuario, porque claro, ya estaban todos tomados así que tuve que ser demasiado creativa… Y no funcionó.

Me podría haber olvidado la billetera al salir de casa, pero no, de lo que me olvidé fue de poner la plata adentro, o sea que la billetera, que me ocupa más o menos la mitad de la cartera, la cargué igual, de manera totalmente inútil.

Y de este tipo de cosas me han sucedido miles. De más está decir que me molestan bastante.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Cooooffeeeeee

Yo conozco una personita que me es bastante cercana, que cada vez que quiere un café y le da pereza hacérselo ella misma se para al lado mío y empieza a decir “Coooooffeeeeeee” así, en inglés y todo, con voz bien chillona y en un volumen suficientemente alto. Y lo repite a intervalos más o menos de cinco segundos. Y a mí me exaspera tanto, pero tanto, que termino parándome, dirigiéndome a la cocina y ¡haciéndole un café!