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martes, 28 de febrero de 2012

Yo nunca

Yo nunca dije “ay es que mi sobrinita quiso jugar a las manicuras” demasiado avergonzada como para reconocer que este mamarracho en las uñas me lo hice yo solita.

domingo, 26 de febrero de 2012

Note to self…

Note to self…
Rollerskating in the same place other people choose to play football… Not such a good idea.

Where do I go from here?

Yo trabajo en un lugar que no voy a especificar, pero es un lugar de renombre. Es un buen trabajo, me puedo considerar afortunada. Pero extraño a mi familia, porque estoy lejos. Por eso, el año pasado, cuando se acercaban las fiestas, decidí tomarme absolutamente todos los días de licencia que me quedaban juntos, para irme a pasar las fiestas en familia, y poder quedarme lo suficiente como para sentirme de nuevo en casa.
Con la reglamentaria antelación, le pedí a la persona que yo creía que tenía que aprobar mis vacaciones, que las aprobara. Lo hizo. Así que feliz y contenta, compré mi pasaje, armé la valija, y me fui. Pasé un mes espectacular, de familia, playa, Papá Noel, daikiris, asado, tejo y baile.
Pero hete aquí que hoy, cuando el mes de Febrero está terminando, y ni rastros quedan de mi bronceado vacacional, se me presenta la secretaria de la oficina con un problema: mis vacaciones no fueron aprobadas. Resulta que hubo un cambio en la estructura de la empresa y la persona a quien yo tendría que reportar ya no es la que creía. Por lo tanto, tampoco es esa persona quien tendría que aprobar mi licencia.

A ver si entendí bien… ¿Me estás informando que no tengo permiso para irme de vacaciones cuatro semanas el año pasado (semanas que por cierto, ya pasaron, ya me fui, y ya volví)?

A partir de acá, ¿qué pasos se toman? ¿cómo se sigue una conversación así?

martes, 21 de febrero de 2012

Nuevo low en mi vida

Hoy cagué en el trabajo. Hice caca en el trabajo. Si eso no es tocar fondo, no sé lo que es…

viernes, 23 de diciembre de 2011

Instructivo

Mis reglas son simples.

  1. No me hables en el gimnasio
  2. No me hables en el ómnibus
  3. No me hables en el ascensor
  4. No me hables si tengo los auriculares puestos
  5. Definitivamente no me hables si tengo los auriculares puestos en el gimnasio, el ómnibus o el ascensor
  6. En la playa sólo podés hablarme si estoy vestida. Ni se te ocurra acercarte si estoy en bikini tomando sol. Meter la panza durante media hora mientras me contás que el hijo de tu vecino está estudiando dermatología es mucho trabajo para mí.
  7. En el supermercado sólo podés hablarme si estamos en la fila para pagar, hay mucha gente y la cajera (o el cajero) es lenta(o). Ni se te ocurra acercarte si estoy en la góndola de las toallitas higiénicas. Lidiar con situaciones embarazosas, de nuevo, es mucho trabajo para mí.
  8. Si creés que me conocés de algún lado pero no estás seguro(a), quedáte con la duda, y por favor, no me hables. Explicarte que no te conozco o hacer de cuenta que no te conozco es, una vez más, mucho trabajo para mí.
  9. Si estás pensando en pedirme la hora, no me hables. Darte la hora, bueno, no es tanto trabajo para mí, pero me embola.

Mis reglas son simples. Y bueno, si te parece que no son tan simples, si te parece que son demasiadas y pensás que no podrás recordarlas todas, hagamos así, te las resumo en un solo punto: No me hables.

Y mi madre sigue insistiendo en que no entiende cómo sigo soltera...

domingo, 30 de octubre de 2011

Sexo, droga y rock and roll!

Sólo que en vez de sexo, mirar la tele.
Y en vez de droga, helado con salsa de chocolate.
Y en vez de rock and roll, pop-rock latino.

I know, very very sad…

lunes, 24 de octubre de 2011

Pimp my ride

¿Vieron esos lugares que en la entrada tienen un mostrador de “Lost and Found”? Bueno, el supermercado de la esquina de mi casa es así, a la entrada tiene un mostrador detrás del cual hay un placard con puertas de vidrio y cerrado con llave en el que se exponen todas las cosas que la gente ha ido perdiendo y olvidando en las tenebrosas góndolas del comercio. Ya sé, muy chic, muy glamour, muy de película estadounidense, y sobre todo, muy gracioso. Pero lo que les quiero contar es que el otro día mientras hacía la fila para pagar mis artículos (todos muy sanos, claro está), me puse a observar lo que había en ese placard de “Lost and Found”. Y me quedé anonadada. Entre muchas cosas no muy interesantes, había tres monopatines. Sí. Un, dos, tres. Tres monopatines.
¿Cómo hace alguien para llegar a un lugar en monopatín e irse caminando? En serio. ¿Cómo? Y peor aún… ¿Cómo hacen tres personas juntas para llegar en monopatín e irse caminando? ¿Ninguna de las tres fue capaz de acordarse de que a la ida no venía apoyando los pies en el asfalto? Porque no me van a decir que fueron tres olvidos separados, independientes. Eso sí que sería demasiado. Que tres personas diferentes, sin ninguna relación, se hayan encontrado, en tres ocasiones diferentes, en la insólita situación de ir a hacer las compras en monopatín y volver a pie. Sería muy fuerte. Y si uno es muy muy cínico y tiene muy muy poca fe en el ser humano puede decir que hay una tercera opción… Que sea la misma persona, que en tres ocasiones diferentes haya olvidado su monopatín en el supermercado de la esquina de mi casa. “Uy, no sabés, otra vez me tengo que comprar un monopatín porque volví a perderlo. Ya no sé ni dónde tengo la cabeza.”

sábado, 5 de marzo de 2011

Las cosas que hay que oír…

Una compañera de clase, fumadora, me dice:

-“No sabés qué terrible… Mi adicción llegó a tal punto que ahora empecé a comprar las cajas de 25 cigarrillos… Y será psicológico, pero te juro que siento que me duran más que las de 20.”

True Story

martes, 1 de marzo de 2011

Peluquería

La manera más rápida y segura de romper amistades:
Pedíle a una amiga que te corte el pelo.

sábado, 26 de febrero de 2011

Gente que no...

La gente molesta, sí, me molesta. No hay vuelta que darle. Y me molesta más todavía cuando esa gente molesta te pide un favor súper molesto, y vos accedés, y en vez de agradecerte y punto, y asumir que son molestos, no, te preguntan quince veces si no te molesta, y vos terminás repitiéndole al molesto quince veces que esa molestia que te encomendó, no, no, no te molesta para nada…

martes, 4 de enero de 2011

Stade de France

Fuimos con mi hermano a hacer el recorrido del Stade de France, una visita guiada por todos los recovecos del inmenso estadio. Al empezar el tour, el guía juntó al grupo y nos preguntó cuántos de nosotros ya conocían el lugar, y para qué habían ido. Una señora, entusiasmadísima, gritó a todo volumen, asegurándose de que todos nos enteráramos:

-“Yo vine dos veces: una para el recital de Johnny Hallyday y otra para el de Céline Dion”

Sí, sí… Hay gente para todo.

sábado, 1 de enero de 2011

Apuesta

Mi hermano me discutía que una palabra se escribía de tal manera, y yo le porfiaba y porfiaba que no. Y me daba bronca que me siguiera discutiendo, porque yo sabía que tenía razón. Así que para terminar de una vez con el tema, le propuse “Te apuesto lo que quieras” y él me contestó “Dale, yo ya sé que gano, así que elegí vos, apostamos lo que se te ocurra”. Y pensé un rato qué podría apostarle, hasta que se me ocurrió algo genial: “Cuando encarguemos al delivery de pizza, vos elegís las tres”. Él me miró incrédulo, sin entender mucho, y después que le expliqué que cuando yo encargo pizzas me pido tres, no paró de reírse durante un rato largo. Me sentí muy gorda.

Y para colmo, respecto a la ortografía de la palabra, tenía razón él…

viernes, 10 de diciembre de 2010

Amaneció nevando en París

Hay gente que dice adorar la nieve. Y yo a ellos les digo:
¿¿De qué estamos hablando?? ¿¿En serio me decís??
Sí, sí, todo muy lindo, muy poético, muy romántico… Las calles cubiertas de blanco, ver desde el balcón como los copos van cubriendo tu ciudad… Precioso. Pero precioso mirarlo por la ventana, con una taza de chocolate caliente en la mano. Sacále una foto y volvé a prender la tele. Tener que ir a la facultad con nieve, hacer mandados con nieve, intentar seguir una rutina con nieve, hacer turismo con nieve, vestirse para un día de nieve, prepararse psicológicamente para un día de nieve… Te lo regalo. Y para el día después del día de nieve, cuando la gente ya caminó sobre nevado, haciendo que la nieve pase de blanca al color de la mugre, y cuando la parte de la nieve sobre la superficie ya empezó a derretirse, haciendo que en algunos lados queden enormes charcos donde la gente mojará el dobladillo de sus vaqueros, y en otros lados capas de hielo extremadamente resbaladizos que representan un peligro digno de ser catalogado tema de seguridad nacional… También te lo regalo.
Y pongo la etiqueta "Viajes con Pelaya" porque fue en boca de ella que oí una de las primeras veces la teoría de que finalmente no es tan claro que esté tan bueno que nieve,  tras uno de nuestros paseos no recuerdo en qué ciudad.

martes, 7 de diciembre de 2010

Déjà vu

Tengo un profesor que empieza la clase, y si alguien llega 5 minutos tarde, toma 20 minutos para explicarle al recién llegado lo que se perdió en esos 5 minutos pasados. True Story.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Tratamiento

Mi madre tiene una manía, que a mí me saca de quicio. Bueno, siendo más exacta, mi madre tiene incontables manías, y la mayoría me sacan de quicio, pero ahora vamos a hablar de una en particular.

Esa manía que tiene de comprar las cosas pensando en que la posibilidad de cambio o devolución está ahí, latente. O sea, si vos vas a la tienda, arrastrás a alguien a que te acompañe, pasás horas probándote y eligiendo lo que más te convence, pidiéndole opinión a tu rehén, aceptando o ignorando su opinión, negociando los planes de pago… no tendría que importar si la prenda tiene o no cambio, ¿verdad? Porque digo yo que se supone que si la deliberación fue tan difícil y meticulosa por lo menos que sea permanente. Pues no. Mi madre llega a casa y se da cuenta de que ay el color en realidad no favorece tanto, ay no sé si este corte es tan elegante, ay no me di cuenta que la semana pasada me había comprado esto que es parecido. Y hay que volver. Volver a la tienda, volver al probador, volver al proceso. Y toda esta descripción es válida para cualquier prenda de ropa, pero también para todo tipo de artículos, sin importar el género (electrodomésticos, ropa de cama, perfumería, artículos de bazar, regalos a quien sea, cosas de papelería, you name it!) ni el destinatario.

Ayer llegó a lo que yo considero su récord personal. Yo fui al médico, y me recetó un remedio. Entonces al salir de la consulta pasé por la farmacia para empezar el tratamiento lo antes posible. Y mi madre me llama poco después, inquiriendo sobre tal medicamento, y tras decirme que según ella hay otro mejor (sí, sí, ella es experta en medicina, en economía mundial, en finanzas, en idiomas, en cine, en meteorología, en calentamiento global,…) agrega:
-“¿No podés volver a la farmacia y ver si no tiene cambio? Estoy segura que te lo cambian, decíles que te equivocaste al leer la receta…”

sábado, 4 de diciembre de 2010

Verano en Ginebra

La gente pelotuda es un recurso inagotable. Cada vez me convenzo más.

Un ejemplo nomás para apoyar mi teoría.

En verano, Ginebra, como muchas muchas ciudades del mundo, se llena de turistas. Y también como muchas muchas ciudades del mundo, se llena de oportunistas que saben que va a haber turistas de quiénes aprovecharse. Este verano logré incorporar a mi rutina la linda costumbre de salir a caminar todos los días (linda costumbre que duró muy poco, como se imaginarán), pero mientras duró pude admirar el siguiente fenómeno. Durante todos los meses de verano, en cada una de las cuatro esquinas de cada cuadra del centro de Ginebra (sin exagerar), se instala un tipo con un mantelito que extiende en el piso, sobre el que pone tres cajitas del tamaño de las de fósforos, y una pelotita más chiquita todavía. La idea es que por una determinada cantidad de dinero (no quise ni averiguar cuánto, pero hay rumores que dicen que son 10 francos suizos, otros 20 y unos pocos van incluso hasta 30) el curioso transeúnte puede participar en el juego de adivinar bajo qué cajita se encuentra la pelotita, después de que el tipo la movió varias veces con las dos manos. La gente que se para a mirar un rato se convence de que es simple, y se dice que lo único que hay que hacer es seguir fijamente con la vista, y sin perderla, a la pelotita. Y listo. Y el tipo promete que si le embocás a la cajita correcta, te devuelve el doble de lo que le pagaste. A mí, mente podrida de nacimiento, esto ya me suena raro. Pero hay gente a la que no, hay gente que participa feliz. Y hete aquí que nunca gana (no me digas…). Resulta que es sabido que estos tipos hacen trampa, cuando mueven la pelotita terminan quedándosela en la mano, y hay otra escondida bajo una cajita cualquiera, o sea que nadie adivinará dónde estaba. Además, siempre tienen uno o dos aliados que hacen de cuenta que participan y que ganan, para esperanzar al público e incitarlos a ganar plata (supuestamente) fácil. Lo que es increíble es que en cada esquina del centro de Ginebra donde se encuentra uno de estos tipos haciendo su show, hay, en todo momento del día, al menos diez personas mirando incrédulas, y claro, participando. Y de vez en cuando, se escucha a alguien pasar por ahí, gritando desaforado e indignado frases nada sutiles en las que aconseja a la gente que se aleja para no ser estafada. Y en las tiendas, en muchos mostradores colgaron fotos de estos tipos haciendo su jueguito, con la inscripción “No se acerque, es una estafa”. Y para los ginebrinos es como un deber ciudadano el correr la bola de que no hay que detenerse ante este presunto entretenimiento.

Lo que yo no entiendo es cómo, con tanta advertencia propagándose por ahí, cada uno de estos tipos logra tener constantemente una decena de espectadores y/o contribuyentes.

No les digo, la gente pelotuda es un recurso inagotable.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sra Bibliotecaria

Un recuerdo que me vino así de repente:

Mi hermana y yo, de chiquitas, sacábamos libros y libros de la biblioteca del colegio. De esos llenos de imágenes y colores. Y todos los años, cuando se acercaba fin de año, mi madre nos hacía buscar y buscar todos esos libros, agarraba la pila entera, y nos llevaba al colegio, para que diéramos la cara frente a las bibliotecarias, por supuesto con una caja de chocolates importados de regalo, para que les fuera más fácil perdonar el retraso…

martes, 30 de noviembre de 2010

Ilarilarié

Yo nunca busqué en Internet de dónde bajar canciones del Show de Xuxa y de Flavia Está de Fiesta, las bajé, las puse en mi MP3, y fui cantándolas por la calle...Y sobre todo, yo nunca lo hice a los 22 años.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Venimos de Luxemburgo

Ya les conté de cuando con Pelaya fuimos de excursion a la tumba de Patton en Luxemburgo (si no lo recuerdan, acá está). Lo que no les conté todavía es la excursion de vuelta a casa…

Como ya lo indiqué, la brillante idea de hacer tal excursión fue mía, Pelaya es bastante más sabia y coherente, jamás se le ocurriría algo así.

Hete aquí que el paseíto lo hicimos a modo de despedida, justo antes de tomarnos el tren de vuelta. Es decir que el estado en que termináramos dicho paseo iba a ser el estado en que nos dirigiéramos hasta la estación de trenes, y el estado en que viajáramos tres horas en tren, y llegáramos finalmente a casa. Y el estado en que terminamos, lo adivinaron, no fue bueno…

Volviendo al tema aquel de que Pelaya es más sabia y coherente, cabe aclarar que el calzado que ella eligió para caminar horas sobre nieve y barro y bajo lluvia fue un par de botas bastante altas, de material impermeable. El que yo elegí : un par de roñosos y agujereados All Star.

Así que cuando llegamos al tren, violetas del frío, con los mocos colgando, las orejas heladas y los pelos indomables bajo los gorros de lana, yo tenía literalmente un charco en los zapatos. Las medias estaban tan pero tan ensopadas que al caminar sentía chapuzones. Y la verdad es que el frío era tan intenso que no quedaba lugar para formalidades, o sea que una vez instaladas en nuestro vagón y nuestros asientos, no tardé en sacarme los empapados Converse y las medias, para escurrirlas e intentar que mis pies recobraran sensibilidad al no estar más en contacto con agua helada. Pobre Pelaya, sentadita al lado… Pero bueno, no pasaba nada, nadie se iba a dar cuenta, ya estábamos en nuestros lugares, y nos bajábamos recién en la terminal, podíamos estar ahí quietitas, recobrando nuestra temperatura corporal por unas tres horitas. Error. Al ratito llegan dos chicas que se paran al lado de donde estábamos sentadas señalando insistentemente sus pasajes. Yo saqué en seguida los nuestros, para mostrarles que nosotras también, teníamos los asientos 21 y 22 (intentando que no se vieran las medias colgaditas en el calefactor del tren ni mis pies descalzos). Sí, asientos 21 y 22, pero de otro vagón… Así que muertas de risa, de vergüenza, de nervios, y entre gritos de « Tierra trágame » « No podemos ser tan inútiles » « No nos puede pasar esto » « Decíme por favor que nuestro vagón está cerca » tuvimos que ir hasta nuestros verdaderos asientos, con las manos cargadas con los bolsos, las camperas que ya nos habíamos sacado, y por supuesto, mis medias y mis championes. Al llegar, entre risas, nos instalamos donde nos correspondía, mientras nuestros vecinos de vagón miraban incrédulos el estado en que llegábamos. Después de un rato de oírnos hablar español entre nosotras, los dos chicos de enfrente, convencidos que no entendíamos su idioma, se empezaron a decir palabras tiernas y frases de amor. Como por ejemplo « Yo no la quiero dejar a Paulita, lo que estaría genial sería que entendiera que ella me gusta, pero no me llena como vos, y que accediera a dejar que me llenes de vez en cuando los fines de semana… ».

Y ahí no terminó nuestro día, porque en el metro yendo de la estación de tren a casa, nos encontramos con una casi amiga de nuestra madre (en el estado en que estábamos), quien no pareció muy convencida de que viniéramos efectivamente de Luxemburgo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Mamá por Skype

Hace un tiempo mi vieja descubrió Skype, y desde entonces yo no paro de reírme. No es que yo sea burlona ni soberbia ni mala, es simplemente que ella es muy, muy graciosa.

Primero, está el tema de que como hace bastante poco que descubrió todo lo que Skype tiene para ofrecer, todavía no lo tiene totalmente integrado a su rutina. Entonces sucede que hablamos horas por teléfono, y después de que cortamos se acuerda de la existencia de Skype. Y me manda un mensaje de texto diciéndome que me conecte. Y me conecto, pero ya nos dijimos todo en la previa conversación telefónica. En estas ocasiones, gracias al poder de la camarita, yo me convierto en una especie de payasito que ha de entretener a su audiencia.
“A ver alejáte un poco que quiero ver como te queda ese pantalón”
“Mostráme de perfil cómo son los lentes nuevos”
“Dáte vuelta que quiero ver como tenés el pelo”

Todo el tema de que nos podamos ver a través de las respectivas webcams le parece formidable. Tanto, que a veces, mientras hablamos por teléfono, ve la computadora por ahí tirada, y se le prende la lamparita: “Conectáte así te veo”. Entonces se sienta frente a la compu, y siempre con el teléfono al oido, me sigue hablando. Hasta que le explico que los micrófonos de las computadoras se activan mientras estamos en videoconferencia. Ahí apaga el teléfono, que por supuesto inmediatamente empieza a sonar. Y siempre es alguna de mis tías. Mi madre, entusiasmadísima, me hace señas por la cámara y pone el teléfono al lado del micrófono de la computadora para que les hable. Todavía no me animé a explicarle que ellas también tienen cuenta en Skype y que siempre hablamos. No quiero desilusionarla.

A veces me llama por Skype mientras mi padre está ahí al lado mirando el noticiero por televisión. Entonces a ella de vez en cuando la atención se le desvía hacia las noticias. Y si considera que una noticia podría o debería ser de mi interés, sube al máximo el volumen de la tele a ver si llego a oírla. Tampoco me atreví a explicarle que se pueden encontrar los informativos online. Después de un rato, veo a través de la cámara que está un poco inquieta, como buscando algo… Se para, desaparece un rato, y después vuelve a sentarse frente a la compu. Pero en vez de seguir hablándome, analiza la computadora, sus costados, la da vuelta… Hasta que encuentra donde enchufar los auriculares “Es que tu padre tiene la tele tan alta que no te oigo, por eso me pongo auriculares”. Sólo que los enchufó donde va el micrófono externo…

Todo esto es muy gracioso, sí, pero lo mejor es cuando mientras hablamos se empieza a aburrir, y como que se olvida de que la cámara es verdaderamente una cámara, y que yo estoy viendo todo lo que hace, y la empieza a tomar como una especie de espejo. Se acerca al visor, intenta ver si le salieron nuevas canas, se apreta granos, se mira si tiene algo entre los dientes. En serio.

Y finalmente, está eso de que cree que una vez que desconectás la cámara ya está. Pero no, no está. El micrófono sigue prendido y yo sigo escuchando todo lo que dice. Por ejemplo, como le explica paso a paso a mi padre todo lo que acaba de hablar conmigo…