martes, 25 de octubre de 2011

¡Pero qué inteligente este niño!

Una cosita nomás. Una aclaración que quiero hacer. Señor, señora. Todos creemos que los niños de nuestra familia son superdotados. Todos miramos a los bebés de nuestra familia convencidos de que son mucho más inteligentes que los otros bebés de su edad. Todos. Y a todos nos encanta hablar del tema, felicitarnos por los logros de tal niño o tal bebé. Pero hay una gran verdad que muy pocos tienen en cuenta. Y es la que dice que a todos nos gusta escuchar a nuestros parientes afirmando que los bebés de la familia son avanzadísimos, pero escuchar a gente externa contar que los bebés de su familia lo son, no tanto…
Así que señor, señora, si en su familia hay un bebé, no se prive de comentar cuán adelantado es, pero en familia. Afuera, no. Y ni hablar si su bebé tiene 28 años…
Corre el serio riesgo de que alguien, algún día, le conteste…

lunes, 24 de octubre de 2011

Pimp my ride

¿Vieron esos lugares que en la entrada tienen un mostrador de “Lost and Found”? Bueno, el supermercado de la esquina de mi casa es así, a la entrada tiene un mostrador detrás del cual hay un placard con puertas de vidrio y cerrado con llave en el que se exponen todas las cosas que la gente ha ido perdiendo y olvidando en las tenebrosas góndolas del comercio. Ya sé, muy chic, muy glamour, muy de película estadounidense, y sobre todo, muy gracioso. Pero lo que les quiero contar es que el otro día mientras hacía la fila para pagar mis artículos (todos muy sanos, claro está), me puse a observar lo que había en ese placard de “Lost and Found”. Y me quedé anonadada. Entre muchas cosas no muy interesantes, había tres monopatines. Sí. Un, dos, tres. Tres monopatines.
¿Cómo hace alguien para llegar a un lugar en monopatín e irse caminando? En serio. ¿Cómo? Y peor aún… ¿Cómo hacen tres personas juntas para llegar en monopatín e irse caminando? ¿Ninguna de las tres fue capaz de acordarse de que a la ida no venía apoyando los pies en el asfalto? Porque no me van a decir que fueron tres olvidos separados, independientes. Eso sí que sería demasiado. Que tres personas diferentes, sin ninguna relación, se hayan encontrado, en tres ocasiones diferentes, en la insólita situación de ir a hacer las compras en monopatín y volver a pie. Sería muy fuerte. Y si uno es muy muy cínico y tiene muy muy poca fe en el ser humano puede decir que hay una tercera opción… Que sea la misma persona, que en tres ocasiones diferentes haya olvidado su monopatín en el supermercado de la esquina de mi casa. “Uy, no sabés, otra vez me tengo que comprar un monopatín porque volví a perderlo. Ya no sé ni dónde tengo la cabeza.”

domingo, 23 de octubre de 2011

Es el colmo

¿Sabés cuál es el colmo de la gente pelotuda? Quiero decir, el colmo de la gente con demasiado tiempo libre, la gente con muy pocas cosas que hacer. Ese momento a partir del cual te decís “ta, esta persona no está ocupada para nada, no tiene ningún lugar en el que estar, nadie que la esté esperando”. ¿Sabés cuál es?

Ese momento, es el preciso momento en que te das cuenta que alguien, en su cocina, tiene balanza para pesar alimentos e ingredientes. Porque seamos honestos, ¿quién tiene tiempo y paciencia como para andar pesando los 200 gramos de harina que lleva la torta en lugar de usar el viejo y querido método de la medida a ojo, método que, dicho sea de paso, durante décadas ha demostrado ser muy eficaz? Sólo alguien con mucho tiempo libre…

sábado, 5 de marzo de 2011

Las cosas que hay que oír…

Una compañera de clase, fumadora, me dice:

-“No sabés qué terrible… Mi adicción llegó a tal punto que ahora empecé a comprar las cajas de 25 cigarrillos… Y será psicológico, pero te juro que siento que me duran más que las de 20.”

True Story

viernes, 4 de marzo de 2011

Es para vos

Cuando suena el teléfono en mi casa, yo ya sé quién es. Es mi madre. Y cuando uno corre a atender el teléfono sabiendo quién es, no corre a atender el teléfono igual que si no supiera quién es.

martes, 1 de marzo de 2011

Peluquería

La manera más rápida y segura de romper amistades:
Pedíle a una amiga que te corte el pelo.

Cómo decirlo…

Y... Cómo te lo puedo decir… No sé… A ver, qué me pareció…

No es que me haya caído mal… Pero como que la veo, y me hace pensar en una víbora.
En el buen sentido, claro.