sábado, 26 de febrero de 2011

Gente que no...

La gente molesta, sí, me molesta. No hay vuelta que darle. Y me molesta más todavía cuando esa gente molesta te pide un favor súper molesto, y vos accedés, y en vez de agradecerte y punto, y asumir que son molestos, no, te preguntan quince veces si no te molesta, y vos terminás repitiéndole al molesto quince veces que esa molestia que te encomendó, no, no, no te molesta para nada…

jueves, 24 de febrero de 2011

KFC

Una persona que me irrita profundamente es esa persona que va a comer contigo a KFC y cuando estás a punto de morder tu pollo te dice “sabés que eso no es pollo, ¿no? es una especie de invento sin plumas ni pico”, o que va a comer contigo a McDonald’s y cuando estás por empezar tu hamburguesa te dice “sabés que se rumorea que hay gusanos ahí adentro, ¿no?”.
Todos conocemos a alguien así. Y todos queremos comer nuestro combo en paz.

domingo, 6 de febrero de 2011

Starbucks

Estábamos paseando con mi hermano por una de esas grandes avenidas turísticas, cuando pasamos delante de un Starbucks. Yo, entusiasmadísima, por supuesto, le propuse hacer una pausa en nuestro recorrido y entrar a tomar y comer algo. El me contestó:
-“No sé, no me gusta tanto en realidad, el otro día vine con unos amigos, y ¿sabés que sólo sirven café y té? No tienen refrescos… Yo no sabía qué pedirme… Sólo café hay…”
Y ahí, petrificada, me hice por primera vez esa pregunta, que todos en algún momento nos hacemos : Mi hermano, ¿será adoptado?

martes, 4 de enero de 2011

Stade de France

Fuimos con mi hermano a hacer el recorrido del Stade de France, una visita guiada por todos los recovecos del inmenso estadio. Al empezar el tour, el guía juntó al grupo y nos preguntó cuántos de nosotros ya conocían el lugar, y para qué habían ido. Una señora, entusiasmadísima, gritó a todo volumen, asegurándose de que todos nos enteráramos:

-“Yo vine dos veces: una para el recital de Johnny Hallyday y otra para el de Céline Dion”

Sí, sí… Hay gente para todo.

sábado, 1 de enero de 2011

Apuesta

Mi hermano me discutía que una palabra se escribía de tal manera, y yo le porfiaba y porfiaba que no. Y me daba bronca que me siguiera discutiendo, porque yo sabía que tenía razón. Así que para terminar de una vez con el tema, le propuse “Te apuesto lo que quieras” y él me contestó “Dale, yo ya sé que gano, así que elegí vos, apostamos lo que se te ocurra”. Y pensé un rato qué podría apostarle, hasta que se me ocurrió algo genial: “Cuando encarguemos al delivery de pizza, vos elegís las tres”. Él me miró incrédulo, sin entender mucho, y después que le expliqué que cuando yo encargo pizzas me pido tres, no paró de reírse durante un rato largo. Me sentí muy gorda.

Y para colmo, respecto a la ortografía de la palabra, tenía razón él…

viernes, 31 de diciembre de 2010

Viajar en tren...

Cuento esta historia porque me divierte mucho reírme de mí misma, nomás.

Iba yo viajando tranquilamente en tren hacia el sur, cuando, como corresponde, me da hambre. Por supuesto, había llegado corriendo a la estación, sin tiempo para comprar nada, así que me resigné a dirigirme hacia el vagón-cafetería, donde cada producto cuesta tres veces su precio de mercado. Pero cuando llego, descubro que la fila era demasiado larga, y yo estaba dispuesta a pagar un dineral por una barra de chocolate, pero no a esperar media hora parada por obtenerla. Decidí ir al baño en ese vagón, y después volver al mío. Al rato, cómoda en mi asiento mientras dormitaba, oigo un comunicado del conductor “Estimados pasajeros, su atención por favor. Alguien olvidó su celular en el baño del vagón-cafetería. Por favor, que el dueño se presente ante el controlador para recuperarlo”. Mis ojos se abrieron inmediatamente y salté de mi asiento como impulsada por un resorte, porque sabía que era mi celular. Sólo que al pararme tan repentinamente, quedó claro para todos que era yo la pelotuda que andaba dejando sus pertenencias en el baño. Y lo quise disimular, haciendo de cuenta que me paraba para recuperar mi bufanda y mi campera. Me las puse, e hice un poco de tiempo, y después sí, me encaminé hacia el vagón del controlador, quien me preguntó de qué marca era mi celular, para asegurarse que no mentía. Por supuesto, me había olvidado de la marca, o quizá nunca la supe siquiera… Entonces intenté describirlo… “Es negro, con pantalla,…” ¡Yo qué sé cómo describir un celular! Creo que me lo devolvió por piedad nomás… 

viernes, 17 de diciembre de 2010

No me arrepiento...

Mi hermano se vino de viaje pedagógico con su clase del liceo precisamente al lugar donde yo estoy, así que me pareció buena idea ir a esperarlos al aeropuerto. Sólo para verlos llegar, recibir a mi hermano, verlo después de tanto tiempo, darle un abrazo y ese tipo de cosas. No mucho más porque el grupo enseguida seguía con el itinerario previsto, las visitas turísticas, los recorridos pedagógicos. Los chicos viajaron con tres adultos del liceo encargados de encuadrarlos. Una de las profesoras, no lo pudo evitar, y lo primero que me dijo al verme, pero lo primero en serio, incluso antes de “Hola” o “Tanto tiempo” o “Qué grande que estás” o “Verdad que vos estás acá”, fue:
-“Te veo a vos y me arrepiento… Porque mi hermana está viviendo acá, y no se me ocurrió decirle que podía venir al aeropuerto a recibirnos”
Y yo después, por supuesto, le conté esto a mi hermanita Pelaya, quien después de reírse un rato me dijo:
-“La gente te mira y siente arrepentimiento”
No sé mucho qué quiere decir ni cómo tomarlo…