miércoles, 20 de octubre de 2010

Mensaje de texto

Yo tengo una tía muy graciosa. Bueno, tengo muchas tías, todas muy graciosas. Pero esta en especial. No hace mucho descubrió que se pueden mandar mensajes de texto por el celular. Y entonces, de vez en cuando, si por alguna razón es mejor no llamar, ella manda un sms. Y nosotros no sabemos si es que ella escribe utilizando el mecanismo del diccionario automático sin haberlo entendido del todo, o si es que escribe sin ese mecanismo, letra por letra, aburriéndose en la mitad del mensaje, pero el tema es que sus mensaje son en código. Un dialecto extraordinario que parece sacado de esas películas de ciencia ficción. Y bueno, uno sonríe e intenta descifrar el mensaje. “Okivha” por ejemplo vendría a ser yo, Olivia, y “Pejaxa” por ejemplo vendría a ser mi hermana, Pelaya. Y si fuera de contexto apareciera la palabra “amo” vendría a remplazar un “con”. Y si el mensaje terminara con un “Cero” vendría a ser un “Beso”. Hasta ahí llegamos, ese tipo de cosas, logramos decodificarlas. Pero un día mi tío recibió un mensaje terrible, una cosa que leía más o menos así:

“Ghudb jd jbdk poros kehj Jeronlkö ?”

Después nos enteraríamos que era la manera de mi tía de preguntar por mi primo Jerónimo, quien había dicho que volvería a una determinada hora de la casa del amigo, y muy pasada esa hora todavía no había llegado.

Pero ese mensaje mi tío no lo entendió. No lo entendió ni ahí. Tuvo que llamarla y confirmar a qué se refería. Y aprovechó para explicarle que ese mensaje o era sencillamente incomprensible, o estaba escrito en un lenguaje extraterrestre. Y mi tía, indignada le contestó:

-“¡Un poco de imaginación!”

domingo, 17 de octubre de 2010

La pesca ecológica

Sí, sí, hay un tipo de pesca, al que le llaman pesca ecológica.

A los que no estén familiarizados con el término, les explico de qué se trata.

Se trata de un modo de pescar, que consiste en que los amantes de la pesca, sintiéndose culpables por matar a tantos peces sin la capacidad o las ganas de comerlos todos, deciden colaborar con el medio ambiente, las especies en extinción y la ecología mundial, devolviendo rápidamente al agua el pez recién pescado. Muy rápidamente, claro, para que no muera por estar demasiado tiempo fuera del agua. Y por supuesto se aseguran que sus anzuelos estén en impecable estado, porque la infección en la herida que el pez sufriría por un anzuelo oxidado sería letal. Y claro está, al tirar de la caña para alcanzar a agarrar el pez, lo hacen bien suavemente, evitando que el pez viaje a rastras, para que éste no sufra daños golpeándose y rebotando contra la superficie del agua. Y estos seres son tan caritativos que también procuran que la resistencia que el pez impone al ser pescado mientras el pescador intenta desengancharlo del anzuelo sea mínima, porque esa lucha suele provocarle más heridas todavía.

Y bueno, eso de que el pez al ser pescado reciba un anzuelazo en la boca que lo deforma y desfigura, eso de que el tiempo pasado fuera del agua, por más mínimo que sea, siempre lo debilitará, eso de que al ser tomado por las agallas sangre casi inmediatamente porque éstas son muy frágiles, incitando a las demás criaturas marinas a devorarlos, eso de que al estar fuera del agua le aumente la presión en la vejiga natatoria, impidiendo que se pueda hundir… todo eso muchachos, son detalles…

¡Qué grandeza de espíritu, pescadores, habérseles ocurrido la pesca ecológica!

¿Cómo decís?

Una amiga mía, que citando a la Tana Ferro ahora pasó a ser ex amiga, el otro día decidió discutir en la mesa que compartíamos con varias otras amigas sobre los derechos de los homosexuales, y en particular, su lucha por conseguir legalizar su matrimonio. Su argumento más sólido fue:


-“Empiezan por el matrimonio y seguro que dentro de poco van a estar jodiendo con que quieren el derecho al divorcio”

Y yo pienso, ¿no?... ¿Cómo es que fuimos a la misma escuela, al mismo liceo, tenemos amigos en común y solíamos reír de los mismos chistes? ¿En qué momento se dio tal cambio radical en nuestas mentalidades y personalidades?

viernes, 15 de octubre de 2010

Yo nunca

Yo nunca dije « Ay ay… te dejo que estoy en el metro y no escucho nada, hay un ruido horrible » sentada tranquilita en el sillón de casa…

martes, 12 de octubre de 2010

¡Arriba!

Erase una vez una chica que se despertaba efectivamente con el sonido del despertador. Esa chica soy yo, y digo “érase una vez” porque ya no lo es… No sé en qué momento se produjo un cambio tan brusco, pero ahora me encuentro despertándome horas y horas después de lo planeado, tras haber apagado el despertador en un acto de total inconsciencia. Y no sé cómo solucionarlo… Ya probé programando tres, cuatro, diez alarmas diferentes, ya probé con el volumen máximo del aparatejo, ya probé cambiando la canción por la más irritante, ya probé alejando el despertador para forzarme a moverme para apagarlo… ¿Será que debo rendirme? ¿Será que debo cambiar todas mis clases y tomar sólo las de la tarde?

??

Tire y empuje. Son dos opciones. Sólo dos. Entonces…¿¿Cómo hago para abrir las puertas recién al tercer intento??

martes, 5 de octubre de 2010

Mejor tiráte a tomar sol...

A mí no me molesta que la gente juegue a la pelota en la playa. Es decir, no me molestaría si no me molestaran. Pero como en mi experiencia, inexorablemente cada vez que alguien se pone a pelotear o paletear cerca de donde yo decidí tomar sol, recibo varios paletazos, resulta que sí, me molesta bastante que la gente juegue a la pelota o a la paleta en la playa.