viernes, 15 de octubre de 2010

Yo nunca

Yo nunca dije « Ay ay… te dejo que estoy en el metro y no escucho nada, hay un ruido horrible » sentada tranquilita en el sillón de casa…

martes, 12 de octubre de 2010

¡Arriba!

Erase una vez una chica que se despertaba efectivamente con el sonido del despertador. Esa chica soy yo, y digo “érase una vez” porque ya no lo es… No sé en qué momento se produjo un cambio tan brusco, pero ahora me encuentro despertándome horas y horas después de lo planeado, tras haber apagado el despertador en un acto de total inconsciencia. Y no sé cómo solucionarlo… Ya probé programando tres, cuatro, diez alarmas diferentes, ya probé con el volumen máximo del aparatejo, ya probé cambiando la canción por la más irritante, ya probé alejando el despertador para forzarme a moverme para apagarlo… ¿Será que debo rendirme? ¿Será que debo cambiar todas mis clases y tomar sólo las de la tarde?

??

Tire y empuje. Son dos opciones. Sólo dos. Entonces…¿¿Cómo hago para abrir las puertas recién al tercer intento??

martes, 5 de octubre de 2010

Mejor tiráte a tomar sol...

A mí no me molesta que la gente juegue a la pelota en la playa. Es decir, no me molestaría si no me molestaran. Pero como en mi experiencia, inexorablemente cada vez que alguien se pone a pelotear o paletear cerca de donde yo decidí tomar sol, recibo varios paletazos, resulta que sí, me molesta bastante que la gente juegue a la pelota o a la paleta en la playa.

lunes, 4 de octubre de 2010

¿Y ese olor?

Un secreto muy bien mantenido de la humanidad: si un tapado de esos de abrigo como de lana o paño, que no son de lluvia, se exponen demasiado tiempo a la lluvia, el material mojado huele a … pancho de feria.
Les cuento cómo lo descubrí…


Estábamos con Pelaya en París, y en realidad las dos ya conocíamos bastante bien la ciudad, así que algunos de los típicos paseos turísticos decidimos no repetirlos. Sólo algunos, por supuesto, porque la mayoría tiene un encanto tal que te da ganas de volver a hacerlos una y otra vez. Para nosotras, por ejemplo, un paseo obligado es el Musée d’Orsay. Ahí están todas las mayores obras impresionistas. Y el impresionismo es la base. Así que fuimos. Por otro lado, cabe aclarar que yo tengo una teoría curiosa acerca de los metros (o subtes). Me molesta bastante esa sensación claustrofóbica que dan los largos pasillos que llevan de un tren al otro, sobre todo considerando que suelen estar repletos de gente. Entonces mi teoría dice que si el trayecto en metro será sólo de pocas paradas, es mejor ir caminando, o si hay que hacer una conexión únicamente por una o dos paradas, mejor no tomar el segundo y caminar lo que queda en vez de cambiar trenes. El día que visitábamos Orsay, quise aplicar este principio. En vez de hacer una conexión, elegí una parada que me pareciera lo más cerca posible del museo para caminar el resto. Pelaya, por supuesto, me siguió. Sólo que, detalle, esa parada estaba un poco más lejos de lo que imaginé… Más o menos a 20 cuadras. 20 cuadras cuando se está haciendo vida de turista, recorriendo y recorriendo ciudades, con fatiga acumulada de días y semanas, son mucho más que 20 cuadras. Y sí, lo adivinaron, para colmo de males, esas 20 cuadras hubo que caminarlas bajo lluvia… Lluvia torrencial, cabe aclarar. Y también cabe aclarar que no llevábamos paraguas.

Y ésta es la historia de cómo nuestros tapaditos terminaron oliendo a… pancho de feria.


domingo, 3 de octubre de 2010

Mi nuevo hobby

Hace poco descubrí un nuevo pasatiempo... Y ya es mi pasatiempo preferido. Lo recomiendo abiertamente. Consiste en encontrar a algún cercano que use enjuague bucal, estar cerca cuando haga su enjuague,  y proponerse hacer que lo escupa antes de tiempo de la risa.
Por lo general, los enjuagues bucales tienen escrito en la etiqueta cuánto tiempo hay que aguantarlos en la boca, así que si te acercás a alguien mientras lo usa, probablemente esté muy concentrado contando mentalmente los  segundos que van pasando. Entonces, si uno le conversa lo suficiente y lo marea un poco, probablemente, antes de abandonar la lucha y escupir todo, pierda la cuenta, irritándose, y haciendo de este pasatiempo todavía más divertido.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ibiza

Yo lo repito y lo repito. Que fui a Ibiza reiteradas veces, porque me encanta la playa. Y sigo repitiéndolo. Que es paradisíaco, que el clima es espectacular, el mar hermoso, las vistas increíbles, los mariscos exquisitos, el centro histórico (Patrimonio Universal según la UNESCO) divino. Y cada vez que lo digo, la reacción de mi interlocutor es la misma: petrificación de la mirada, y gesto de sorpresa e incredulidad. Y yo puedo adivinar perfectamente lo que está pensando, porque según el interlocutor, ese pensamiento es siempre una de las dos opciones siguientes:


-“¡Qué desperdicio de Ibiza!”

o

-“¡Esta tiene una doble vida total, y cada vez que se va explota Ibiza!”